lunes, 29 de marzo de 2021

MUJER ARTIFICIAL

MUJER ARTIFICIAL.

 

Un día le espetó a la cara:

 

-       Hermana, eres una “mujer artificial”.

 

De pronto se molestó, pero en realidad había mucha razón en eso.

Teresa cuidaba mucho su cuerpo, se empeñaba en mantenerlo fuerte, ligero y bien alimentado. Era frecuente sorprenderla de madrugada haciendo veinte mil abdominales, para fortalecer su abdomen, hacía pesas para definir sus bíceps. Además de correr 8 Km. a la semana para sentirse ágil.

 

Por si fuera poco,  pensaba que una rutina diaria de ejercicio no era suficiente para tener un cuerpo sano, así que tomaba todo tipo de potingues: un machacado de ajos en ayunas para fortalecer el aparato inmunológico, un te de cola de zorra para que sus hormonas sexuales funcionaran a la perfección, además de una dosis de calcio y otra de magnesio para tener huesos fuertes, glucosamina para sus articulaciones, vitaminas para ayudar a su metabolismo, y ……

 

Un día, llegó hasta sus oídos la terrible tragedia que estaba causando un virus venido de China, se enteró por las redes sociales de la cantidad de muertos que estaba provocando, pero Teresa continuaba con su vida normal. 

 

-       ¡Teresa!, le gritó su madre: ¡el cubre bocas!, ¡lávate las manos!, ¡no vayas a las fiestas!, ¿no ves que te puedes contagiar? Pero eso la tenía sin cuidado, después de todo, pensaba, ella era: “una mujer artificial”.

 

Ahora se lee en su epitafio: Aquí yace Teresa, una verdadera “Mujer Artificial”.

 

MARÍA MARTHA MORENO MARTÍNEZ.

29 de marzo de 2021

domingo, 14 de marzo de 2021

CUANDO NOS QUEDAMOS SIN ROSTRO

 


CUANDO NOS QUEDAMOS SIN ROSTRO.

 

Andrea´s designes era su marca.

 

Andrea, provenía de una familia de clase media, pero siempre había soñado con ser diseñadora de moda.  Recuerda que los mejores años de su infancia los pasó entre hojas de papel y lápices de colores. Todos se sorprendían de la calidad de sus dibujos. Cuando tenía 18 años participó en un concurso de diseño gráfico, el premio, un curso de 8 semanas en París. El curso le ayudó mucho, pudo depurar su técnica, pero para ella, el mayor aprendizaje fue que ese curso le había abierto las puertas a un nuevo mundo, sí, el mundo de la moda. 

 

Andrea regresó a México y empezó por montar un pequeño taller de costura. A punta de gran esfuerzo, logró hacerse de una clientela cada vez más selecta, y sus diseños eran cada vez más sofisticados, cotizados, y, por lo tanto,  más caros.

 

Ahora, a sus casi treinta años, a Andrea, le empezaba a preocupar su apariencia física, en especial, su cara. Estaba consciente de que la belleza empezaba por el rostro, así que se esforzaba por costearse los mejores tratamientos de belleza, las cremas más caras del mercado y hasta una que otra cirugía estética con tal de disimular las pequeñas arruguitas de la edad que ya empezaban a hacer su aparición en el contorno de la boca.

 

En el ir y venir de la vida cotidiana, Andrea alguna vez había escuchado aquello de que “la muerte es el mejor rasero de la humanidad”, pero por supuesto eso a ella no le preocupaba en lo más mínimo, pues su mayor interés estaba centrado entre las pasarelas y el cuidado de su figura, en especial, el de su cutis.

 

Pero un día, mientras se preparaba su café y antes de darse una ducha para encaminarse a su almacén, escuchó en su Alexa que un nuevo virus, sin previo aviso, se estaba expandiendo, como la pólvora, a nivel mundial, que estaba causando la muerte de miles de personas y que amenazaba con llegar a México en poco tiempo. Andrea pensó de inmediato en diseñar alguna estrategia para blindar negocio. Pero a medida que pasaba el tiempo, la situación se fue haciendo cada vez más insostenible, las damas de sociedad suspendieron sus reuniones sociales y ella empezó a perder su clientela. Recuerda haber pensado que la situación duraría tan sólo unos tres meses, pero ahora, después de un año, Andrea observa con tristeza que su negocio está a punto de ir a la quiebra. Fue despidiendo al personal menos indispensable, pero a un año de haber iniciado la pandemia Andrea se ha quedado sola, porque ya no fue posible sostener a sus empleados, ni siquiera a los más fieles.

 

Un día, cuando chateaba con sus amigos, alguien recordó aquello de que “la muerte es el mejor rasero universal”, inmediatamente Andrea saltó para inconformarse, 

 

- te equivocas Prisciliano, ahora el COVID nos ha hecho a todos iguales, mírame a mí, que antes me codeaba con la “crema y nata” de la sociedad diseñándoles los más finos y caros vestidos, ahora me dedico a diseñar cubrebocas. Los hay de todos tipos, desde los más atrevidos que muestran señas grotescas, hasta los más elegantes y los de animalitos. A mí, que antes de la pandemia me gastaba una fortuna para tener un cutis de ensueño, ahora no tengo que preocuparme más pues la pandemia nos ha dejado a todos sin rostro.

 

MARIA MARTHA MORENO MARTINEZ

Acámbaro, Gto.

14 de marzo de 2021

 

 

 

 

 

martes, 9 de febrero de 2021

RECUERDOS DE LA INFANCIA

RECUERDOS DE LA INFANCIA.

 

 

Por aquello de que recordar es vivir, intentaré platicarles algunas de las vivencias de mi infancia. No pretendo con ello escribir una historia, ni siquiera remotamente buena, tan sólo me gustaría compartir con Uds. Algunas experiencias que les permitan, tal vez, reconstruir el contexto del campo mexicano después de la Revolución, allá por la primera y segunda década del siglo XX.

 

Primeramente, permítanme presentarme, mi nombre es: José Luís Moreno Gómez, nací en 1913 en el Paraíso, Mpio. De Tuxpan, Mich., me fui de este mundo el día 3 de junio de 2012, pero ahora mi hija me pide que les cuente algo de mi niñez, vaya pues. Lo intentaré.

 

A raíz de las revueltas que se producían como consecuencia de la Revolución, mis padres; Concepción Gómez y Vicente Moreno, decidieron buscar un lugar más seguro para vivir, y es que La Revolución, “no dejaba mono con cabeza”. Ya no se sabía quienes eran, ni a quién creerle, porque igual se daban a la rapiña los federales y los revolucionarios, que si de este bando o del otro, el caso es que cuando llegaban a una comunidad, arrasaban con lo que encontraban; lo mismo una gallina, que un caballo o unas monedas de plata escondidas debajo del colchón o en un agujero en medio de la cocina, eso si no se encontraban en el camino a alguna de las muchachas del pueblo, porque eran las primeras que trepaban en las ancas de sus caballos pa enrolarlas a La Bola. 

 

Así fue como mi familia decidió venirse pa acá, pa Guanajuato y llegamos a Los Órganos, un cerrito cerca de Acámbaro, ahí nos apiamos debajo de un mezquite, mientras nos construían un cuartito de adobe pa guarecernos de las lluvias y del frío.

 

Yo era muy chamaquillo y no recuerdo cómo es que mi abuelo, Papa Tono, Antonio Moreno, padre de mi papa vino a parar acá con nosotros, lo que sí sé es que yo sentía una gran admiración por él, tampoco sé cómo es que era tan inteligente. Entre   sus hazañas puedo decir que llegó a ser el administrador de la hacienda de Providencia, le gustaba torear en las fiestas de los pueblos y sabía algo de nivelación de terrenos, él contribuyó a la construcción de la presa de Rancho Viejo y allá en Tuxpan, aun lo recuerdan porque construyó un canal de riego que, hasta la fecha, lleva su nombre: Canal Moreno.

 

Precisamente en la época en que papa Tono fue el administrador de la Providencia, mis hermanos y yo llegamos varias veces a visitarlo, y desde luego, no había lugar pa nosotros, así que de esa época recuerdo que nos quedábamos a la intemperie y pa guarecernos del frío, que calaba hasta los huesos, ya en la oscuriadita nos arrejuntábamos sobre la panza de alguna vaca. 

 

Y es que no era cuento, nuestra vestimenta no era más que una camisita y un calzón de manta, amarrado con una cinta a los tobillos. Si teníamos suerte, nos prestaban algún gabancito raído, pero eso era por ahí de cuando in cuando. 

 

Nuestros pies lo único que conocían eran unos huaraches, que nosotros mismos hacíamos, con suela y unas cintas de vaqueta. En la temporada de calor estaban re bien, aunque nos tropezáramos, casi a diario, con las espinas del monte, pero en las heladas de diciembre y enero, nos veíamos, porque se nos hacían unas reventadas en los talones que sangraban durante todo el invierno. Recuerdo muy bien que un día mi mama me sorprendió con un tizón del fogón cuando yo me lo iba acercando al talón.

 

-       ¡Muchacho, pero qué haces!

-       Pos es que pensé que, si me quemaba con el tizón, se me curtirían las reventadas.

-       Anda tú, ven pa ponerte tantita manteca, quien quita y se te quite tantito el dolor.

 

Mi mama siempre fue mi ángel de la guarda, ni después de que me casé, ni nunca pude olvidar su protección, ella no era cariñosa, no recuerdo que me haya dado nunca un abrazo, mucho menos un beso, pero si recuerdo como una herencia su comida, aquella hora de comer, o de cenar, cuando sentados alrededor del fogón, nos saboreábamos un buen plato de calostros con un vaso de leche. Y había que comernos lo que nos tocaba y nada más, nadie chistaba, nadie pedía otro poco, porque no había más. 

 

Mi madre siempre estuvo conmigo, especialmente a la hora de mi muerte, ya cuando la sentía cerca, me abrazaba a una imagen de La Piedad, que mi hija me trajo cuando fue a Roma. Esta imagen me consolaba y me daba fuerza porque abrazada a ella me sentía en los brazos de mi madre. Tanta fue su influencia en mi vida que las últimas palabras que escuché en este mundo, vinieron precisamente de mi hija Martha, cuando se acercó a mi oído pa decirme que mi mama me estaba esperando en el más allá, sólo entonces me dejé ir. 

 

De mi padre aprendí mucho de las labores del campo, pero a diferencia de mi madre era duro de carácter, sus enseñanzas eran bárbaras. Si hacíamos bien las cosas no había una felicitación, pero si nos equivocábamos, lo menos que nos decía eran cosas como:

 

-       Éso demuestra lo bien que sabes hacer las cosas.

 

Aquellas palabras calaban en lo más profundo de nuestro ser, yo hubiera preferido un chicotazo. Pero esa era la vida entonces.

 

Se puede decir que vivíamos a lomo de caballo. Nuestros caballos eran siempre los mejores de la región, no por su estampa, sino porque los hacíamos tanto a la rienda que se puede decir que nos adivinaban el pensamiento, montados en ellos sentíamos el valor de atravesar cualquier campo sin importar el día o la hora. No había nada que nos amedrentara. Bueno, debo reconocer que solo una vez tuve miedo, fue aquella noche en que mi papa me mandó al Caracol a llevarle un recado al peón de La Casa Blanca a eso de las 9 de la noche, iba yo atravesando los campos de Araró cuando escuché el ruido de un machete sobre las piedras, de pronto, hasta grité para saber quién andaba ahí, pero de inmediato recapacité que era imposible que alguien a eso de la una de la madrugada anduviera como yo por aquellos campos, fue entonces cuando me entró un escalofrío que todavía ahora que lo recuerdo, me da miedo.

 

Era tanto el cansancio que sentíamos al terminar el día que en cuanto poníamos la cabeza en la almohada nos quedábamos súpitos, sin saber de nada. Y nos dormíamos temprano porque al día siguiente había que madrugar.  En aquella época no había relojes, sólo el canto de los gallos o el relinchar de los caballos nos anunciaban la hora de levantarnos. Y nos orientábamos en el tiempo por medio de los astros, en la madrugada, el lucero de la mañana guiaba nuestros pasos y por la noche por la estrella del poniente nos anunciaba la hora de recogerse.

 

La hora de levantarse era a las tres de la mañana, había que ordeñar las vacas y ya con la leche cargada en el caballo emprendíamos el camino hasta Acámbaro, y era entonces cuando aprovechábamos para completar el sueño, porque los caballos se sabían tan bien el camino, que nosotros podíamos confiar en que llegaríamos a nuestro destino a tiempo, me refiero a la puerta de Socorrito, la de la leche, a eso de las 5 de la mañana. Claro que siempre le ganábamos, llegábamos antes de que abriera su puerta para recibir al primer cliente, pero no había problema, porque mientras estuviéramos sobre nuestros caballos, teníamos la oportunidad de echarnos otra pestañeadita.

 

Mi papa era duro en su forma de ser, en su forma de mandar y hasta en su manera de pensar, uno de sus lemas que se ha hecho famoso hasta la actualidad es aquello de que: 

 

-       “Si quieres hacer fortuna, has de usar las yuntas de tus bueyes y los peones de tu mujer”.

 

 Eso para dar a entender que la riqueza económica se lograba sólo si todo quedaba en familia. Ello explicaba el hecho que se pensara en concebir hijos varones de preferencia, porque las labores del campo, que eran las propias de aquella época, sólo las podían realizar los hombres.

 

A mí me hubiera gustado estudiar, me imaginaba yendo a la escuela pa aprender a leer y a escribir. Nunca fue posible, porque no había escuela en el rancho, pero, aunque la hubiera habido, había que hacer tantas labores del campo que no habría quedado tiempo pa ir a la escuela.

 

Un día llegaron al rancho Marianita con su hermano, ambos eran maestros, nunca supe cómo llegaron ahí o de quien dependían. Los recuerdo muy bien porque, aunque yo nunca pude ir a estudiar, su influencia fue para mí muy importante, primero porque ellos fueron los autores de la única foto que le tomaron en su vida a mi mama y que ha perdurado hasta la actualidad, pues se puede decir que en todas las casas donde habita un Moreno, ahí vas a encontrar el retrato de mi mama. La influencia de Marianita y su hermano fue tan importante para mí, que los hice padrinos de mi primera hija.

 

Tuve que aprender por mi cuenta, aprendí a leer, a escribir y a hacer operaciones básicas. No obstante que Marianita y su hermano no fueron mis maestros, siempre los quise y los recordé porque representaban mi anhelo de superarme, de aprender más del mundo que me rodeaba, pero sobre todo, representaban mi sueño de ir a la escuela, la escuela a la que nunca fui…..

 

 

MARÍA MARTHA MORENO MARTINEZ

Acámbaro, Gto. 8 de febrero de 2021

 

viernes, 8 de enero de 2021

A 75 AÑOS DE LA CORONACIÓN DE CUQUITA



 A 75 AÑOS DE LA CORONACIÓN DE CUQUITA.


Hola, soy María, en este momento me encontraba muy feliz, jugando a las escondidillas con los angelitos, cuando mi hija Martha me llamó para que le contara la historia de mis recuerdos acerca de la coronación de María Santísima Del Refugio como patrona de Acámbaro, así que bueno, lo intentaré. 

Pero antes, me gustaría presentarme, mi nombre completo es: María Martínez Álvarez. Nací el 5 de febrero de 1922 en el Pirúl, comunidad de Santa Ana Maya Mich. Cuando tenía ocho años, nos mudamos a Pejo, Mpio de Salvatierra, Gto. Ahí pasé los mejores años de mi vida, jugando con mi amiga Isabel. Nos encantaba treparnos a los árboles a cantar y a ver la gente pasar. Cuando tenía trece, nos mudamos a Acámbaro, porque ahí vivía mi abuela materna: Josefa Álvarez, ella ya era mayor y requería de cuidados, ésa fue la razón por la que mi madre me comisionó a vivir con ella y fue ahí donde me encontré con mi prima hermana, Irene Álvarez, ambas la asistimos, hasta su muerte. 

Pero siempre fui muy inquieta, quería superarme, tener una fuente de trabajo, fue así como me inscribí en la academia de corte y confección dirigida por la Maestra Naty, logré titularme como modista. Y llegué a ser muy buena en el oficio.  Eran otros tiempos, no había ropa confeccionada como ahora, lo que se usaba eran los “géneros”. Uno iba y se compraba la tela que más le gustara y recurría a una modista para que le confeccionaran la prenda a su medida. Así que por eso, yo era muy solicitada, porque todos decían que cosía muy bien. El de modista fue mi oficio de toda la vida, así logré ser una parte muy importante del sustento de mi familia. Mi madre, Doña Hilaria Álvarez y yo, trabajamos siempre en este oficio hasta 1954 año en que me casé, ella siguió cosiendo para los demás, pero yo me cambié de casa y ahora sólo cosía para mi familia. Así que mis hijas siempre lucieron impecables con sus ampones vestidos muy almidonados que yo les hacía, siempre con un gran moño atrás. 

Bueno, pero regresando al motivo de esta historia he de decir que ya desde 1940 se empezó a difundir la idea de que Nuestra Señora del Refugio necesitaba una corona, y para sensibilizar al pueblo de esta necesidad, el Sr. Cura Mireles comenzó a organizar cursillos o ejercicios espirituales. Aun ahora, mis hijas todavía conservan en la casa una cruz de 1940 que nos dieron a los asistentes a uno de estos ejercicios. Por cierto que esta reliquia siempre ha formado parte de nuestra familia, y cuando yo vivía, la vestía de blanco y le hacíamos su altar cada 3 de mayo.

Corría el año 1945, yo tenía 23 años, se empezó a correr el rumor de que se acercaba la coronación de la Virgen del Refudio, el padre Mireles, párroco de Acámbaro, comenzó a organizar el evento. Todo el pueblo hablaba del tema. El padre Mireles tenía la intención de que Cuquita luciera una gran corona de oro donada por su pueblo,  la gente que habitaba el municipio vivía del campo, así que el Sr. Cura  comenzó a visitar las comunidades,  a lomo de mula, pidiendo el apoyo de los campesinos para   obtener fondos, fue así como se organizaron todo tipo de rifas. No faltaba quien le donara un puerquito, un costalito de  maíz, una gallina y hasta un becerro, todo con la intención de reunir fondos para comprar su corona. 

La fecha asignada para la gran celebración fue para el 8 de enero de 1946, ya desde un día antes llegaron los artesanos de Tlaxcala que le regalarían a la virgen un gran arco de flores que se colocó en la puerta de la iglesia.

La celebración se haría a las 12 del día en el atrio de la iglesia debido a que era tanta la asistencia de personas que el templo resultaría insuficiente para contener a toda esta multitud venida de todos los rincones del municipio y allende el mismo, como sucedería con la comunidad  de acambarenses  establecida en la Cd. de México, ellos, bajo la dirección del Sr. Lorenzo Lara, habrían de hacer a su tierra la primera peregrinación en tren y no dejarían de hacerla hasta que el ferrocarril de pasajeros dejó de circular por sus vías. Aun ahora siguen organizando la peregrinación y cada 3 de mayo a las 3 de la tarde, los fieles venidos de México se reúnen en la estación del ferrocarril y en peregrinación se dirigen a su templo para saludar a la virgencita y expresarle el agradecimiento de su protección mediante un regalo, que año con año le ofrecen.

Pues regresando al motivo de mi historia, diré que ya desde un día antes, se veía ir y venir al Sr. Cura Mireles ordenando que se colocaran gran cantidad de petates porque la gente que venía de las comunidades apartadas no tenía un lugar para quedarse, así que pasaron la noche en los claustros. Por nada del mundo se perderían la oportunidad de ser testigos de este gran evento. 

La iglesia lucía ¡estupenda!, ¡hermosa!, vestida de azul y rosa y gran cantidad de flores adornaban sus altares. 

Las bandas de música de viento, llegaron desde la tarde y fueron a saludar a la Virgencita antes de entonar sus alegres notas para la comunidad acambarense que ya los esperaba arremolinados en sus casitas de resguardo donde pasarían toda la noche interpretando todo tipo de melodías solicitadas por los asistentes, ya fuera un bolero, un danzón o una polka. Eso sí, para aguantar la noche y el frío había que calentarse el gaznate con un buen tequilita. 

Todo era alegría, el pueblo estaba  inundado de una euforia sin igual, nunca antes en  Acámbaro habíamos presenciado un evento de esta magnitud, así que había que estar presentes.

A las ll,30 Hrs. La torre del templo se cimbraba con los repiques de las campanas que anunciaban la 1ª llamada de la celebración, salvas de cohetes surcaban el cielo y las notas de las bandas se escuchaban en todo lo alto del atrio, así transcurrieron las tres llamadas y en la 3ª, hizo su aparición el cortejo religioso que se desplazó desde el templo del Hospital, hasta la puerta de la parroquia donde se había colocado con anterioridad el altar para la celebración eucarística y la imagen de la Virgen del Refugio presenciaba el evento con una gran sonrisa en sus labios.

La hermosísima corona, fue transportada en andas para que el pueblo la apreciara y cuando la veían no podían contener las lágrimas pues era cómo si un cachito de ellos mismos se ofreciera en esa corona que a partir de ahora adornaría sus sienes.

El momento de la coronación fue sensacional, las campanas se echaron al vuelo, la música, el sol, la corona y cientos de palomas surcaron el cielo. Nunca olvidé la emoción que me produjo la coronación de la Virgen Santísima del Refugio como Patrona y Madre de Acámbaro.

Ahora 8 de enero de 2021, a 75 años de su coronación, me he enterado que el Sr. Cura, Javier Gordillo, la vuelve a coronar y mi alma late de alegría al escuchar nuevamente, desde el más allá, los repiques de las campanas que anuncian la confirmación de los votos del pueblo de Acámbaro, que en reconocimiento de todos los beneficios que ha recibido de su Madre Santísima del Refugio la vuelve a coronar.

Agradezco a todos Uds. que me están leyendo, la oportunidad de expresar mis sentimientos, que siempre guardé en mi corazón, y que ahora, a invitación de mi hija Martha vuelvo a traer a mi memoria.

Disfruten pues de nuestra Madre que siempre estará presente en la historia de su pueblo, Acámbaro.


MARÍA MARTHA MORENO MARTÍNEZ

8 de enero de 2021



martes, 29 de diciembre de 2020

SERES HUMANOS, ESPECIE EN PELIGRO DE EXTINCIÓN.

 SERES HUMANOS, ESPECIE EN PELIGRO DE EXTINCIÓN.

 

A invitación de mi hermana Bertha, que me motiva con insistencia a que escriba algunas líneas que hagan referencia a lo que estamos viviendo actualmente a raíz de la pandemia del Covid-19, pues piensa que tal vez algún día sus nietas pudieran interesarse en leerlas. Va pues…., lo intentaré.

 

Hace varios años tuve la oportunidad de visitar Costarrica. Desde el primer momento que la vi, pensé en ella como una versión actual del “Paraíso Terrenal”. En mitad de la selva, con una escasa densidad de población, una de las mayores biodiversidades del planeta, multitud de costas vírgenes de playas desiertas, aguas transparentes y ríos turbulentos. 

 

En uno de los viajes de exploración por ese país, descubrí un parque nacional, una zona protegida, a la orilla del mar, totalmente alejada del bullicio propio de las ciudades. Era un lugar rústico, por no decir “salvaje”, no había más que olas, plantas, y como único signo de civilización una llave de agua potable, casi pegada al suelo, donde los bañistas que llegaran hasta ella pudieran quitarse la sal de su cuerpo. 

 

Pues fue en ese parque donde me topé al llegar con un letrero pintado a brochazos blancos sobre una raída tabla: 

 

“Costarrica es de los costarricenses, algunos ya se fueron, otros todavía estamos aquí, pero la mayoría aún no han nacido”.

 

Sobra decir que la frase me impactó en su momento y por mucho tiempo formó parte de mi acervo cultural cotidiano, pero poco a poco fue cayendo en el olvido, hasta que ahora, a raíz de haber leído el texto: Qué es el “pensamiento catedral”, una de las grandes lecciones de 2020 según el filósofo Roman Krznaric - BBC News Mundo, vuelve a mi memoria aquel texto escrito en alguno de los confines de la selva costarricense.

 

Según Krznaric, actualmente vivimos atrapados en un “cortoplasismo” tremendo. En un espacio en el que el tiempo se fragmenta cada vez más. Las  operaciones bursátiles o las alteraciones genéticas se producen en cuestión de nanosegundos. “vivimos en la tiranía del ahora”, afirma Krznaric, por el contrario, le llama la atención las lecciones de las culturas latinoamericanas, particularmente la Maya, en la que encuentra una conexión con el mundo vivo, en especial, con la Tierra, invitándonos a reflexionar acerca del  “consumo hiperurbano de hoy”.  “Necesitamos reconectarnos con la Tierra y con los largos ciclos del tiempo”. A partir de estas bases construye su teoría del “pensamiento catedral”.  En la que propone que los individuos, las sociedades y principalmente los gobiernos actuales, necesitan hacer proyectos a largo plazo. 

 

Inspirado en la construcción de las grandes catedrales, observa, que estos proyectos se concebían a sabiendas de que los diseñadores de las mismas no verían terminada su obra, sin embargo, gracias a estos proyectos, a largo plazo, estas enormes catedrales siguen maravillando al mundo. 

 

La pandemia del Covid-19 nos ha dado una lección de las consecuencias que se producen cuando los proyectos, particularmente, científicos y gubernamentales no se han diseñado a largo plazo.  Resulta paradógíco pensar que en medio de tantísimos avances, se haya perdido el control de un virus, en apariencia tan simple, y que sus consecuencias hayan puesto, literalmente al mundo “de cabeza”, con casi 82 millones de casos  y 1,800,000 muertos al día de hoy, en un período de tan sólo diez meses.

 

Lo anterior sin contar con el colapso de la economía. De un día para otro, millares de personas perdieron su empleo. Y fueron confinadas a sus hogares donde, lejos de solucionar el problema, se ocasionaron otros, como el de la violencia doméstica. Diez meses de reclusión  no han detenido la pandemia, lejos de eso, el número de casos se ha disparado en todo el hemisferio norte. 

 

Y qué decir de los sistemas de salud. Nunca nos imaginamos  un escenario en el que los pacientes de Covid-19 tuviesen que peregrinar de uno a otro hospital en busca de una cama y regresasen a sus hogares a morir por falta de atención hospitalaria. 

 

Después de diez meses de confinamiento, por fín se cuenta con una vacuna, pero su eficacia está en duda debido a la aparición de una nueva cepa  del virus que en 2 semanas se propagó desde el sur de Inglaterra y Sudáfrica a 5 paises de la Unión Europea, y debido a que no se han suspendido los vuelos comerciales, es muy probable que ya esté también en América, eso sin contar con los elevados costos de la misma y el tiempo que tome vacunar al menos a la mitad de la población mundial. Mientras tanto, los casos, y desde luego, las muertes, siguen en aumento.

 

El sistema educativo se trastocó totalmente. De hoy para mañana, la educación cambió, sin estar preparado en absoluto. De un día para otro, las escuelas se cerraron, las clases se toman y se imparten en línea a partir del uso de dispositivos electrónicos. Las clases se han convertido en clases de ciegos y mudos, ya que se controla a decisión propia la imagen y la voz de los participantes. Ya no conocemos ni convivimos con los compañeros y  profesores. Ya no es necesario procurarnos una buena imagen para ir a clases, porque ahora, se les puede tomar desde la cama, en pijama o tomándose un café. 

 

Este virus nos ha robado nuestra libertad de acción, de asociación, y hasta de expresión. A partir de él ya no tenemos la confianza de abrazar a un hermano que llega de lejos, mucho menos a un amigo. Celebrar una fiesta, asistir a un concierto o a un partido de fut bol se han vuelto poco menos que un delito. 

 

Por último, diré que la pandemia ha afectado severamente la estabilidad emocional de los seres humanos, haciéndonos más susceptibles a todo tipo de trastornos psicológicos, el estrés, en primer lugar, pero también ha provocado  casos más severos, como la histeria, la depresión, etc.

 

Por si fuera poco, al no haber hospitales o escasear la atención médica, las personas han recurrido a automedicarse, pero esto también se ha visto afectado por la pandemia, ya que los medicamentos en las farmacias, particularmente los analgésicos, antigripales, vitamínicos, antidepresivos y sedantes se han escaseado al punto de hacer imposible esta práctica.

 

La información, que debiera estar disponible debido a la velocidad y eficiencia de los medios de comunicación y el uso de las TIC, también se ha colapsado. Acabo de leer que el día de hoy Rusia admitió, finalmente, que la cantidad de contagios y fallecidos es tres veces mayor que la que había estimado.

 

En entas condiciones, no me resta más que invitar a la reflexión acerca de la necesidad de anticiparnos al futuro, haciendo planes a largo plazo, procurando evitar que los proyectos, particularmente aquellos que van dirigidos a las sociedades, se desarrollen con fines nefastos o mesquinos como los electorales y que por el contrario,  se centren en procurar la paz,  y en general el bienestar de la raza humana, antes de correr el riesgo de pasar a ser una especie en extinción.

 

MARÍA MARTHA MORENO MARTÍNEZ.

Acámbaro, Gto.

29 de diciembre de 2020

Fuentes de información:

 

·      Rodríguez, M. (29 dic. 2020). Qué es el “pensamiento catedral”, una de las grandes lecciones de 2020 según el filósofo Roman Krznaric. BBC News Mundo. Londres.

 

lunes, 28 de diciembre de 2020

MÉRIDA ESTÁ DE LUTO

 


MÉRIDA ESTÁ DE LUTO

“Esta tarde vi llover” ……

Resuenan en mis oídos las románticas notas de sus canciones.

 

Desde que di el primer paso al bajar del avión me enamoré de esta ciudad. Mérida me deslumbró con su belleza, su clima cálido y la multitud de las zonas arqueológicas que la circundan.

 

Sus amplias avenidas, con sus camellones sembrados de frondosos árboles, sus hermosos museos e iglesias me dieron la bienvenida.

 

Muy de mañana, fue agradable pasear por las calles  del centro histórico donde me

Encontré con hermosas construcciones de la época porfiriana, donde solían habitar los magnates del henequén en los tiempos de las grandes haciendas.

 

Me maravillé al visitar uno de sus   mercados donde a cada paso me encontraba con un sinfín de colores propios de las flores y las verduras, y me sorprendieron todo tipo de productos y platillos propios de la región, como los panuchos y los salbutes.  Así como, las más diversas artesanías.

 

Por la tarde fue delicioso hacer un recorrido en carroza por el hermoso paso Montejo, construido, según reza la leyenda a imitación de Los Campos Elíseos, para disfrutar de sus frondosos árboles, y sus hermosos palacetes.

 

Todo esto y más me enamoró de la bella Mérida, la ciudad blanca.

 

Pero Mérida también  es música, al ir caminando por sus calles encontré varios jardincitos donde al caer la tarde diversos grupos típicos o románticos se dan cita para deleitar a los asistentes con sus sones, además de poder apreciar a las mujeres yucatecas portando sus bellos trajes blancos bordados de multitud de colores.

 

Fue en uno de esas pequeñas audiciones como experimenté el gran amor que profesaba Mérida a uno de sus hijos predilectos, ARMANDO MANZANERO.

 

Armando Manzanero era un ícono de la ciudad, sus canciones resonaban por doquier inundando con su dulce romanticismo los más diversos rincones de la ciudad.

 

Armando Manzanero, no sólo fue cantado y celebrado en Mérida, pienso que él fue el portavoz de toda una generación de mexicanos que, como yo, nos enamoramos al ritmo de sus canciones. Recuerdo muy bien aquellos programas de TV,  grabados en blanco y negro en los que nos deleitaba con su música. A mí, particularmente, me agradaban las interpretaciones magistrales de Carlos Lico y Marco Antonio Muñíz. Cómo no recordar aquellas notas que llegaban hasta lo más profundo del corazón al ritmo de:

 

-       Esta tarde vi llover…..

-       Somos novios….

-       No, porque ya no extraño como antes tu ausencia….

-       Adoro, la tarde en que nos vimos…… Etc.

 

Pues hoy, 28 de diciembre de 2020, ha muerto Armando Manzanero, arrebatado por las garras del Covid-19 y por eso, Mérida está de luto, por eso Mérida llora su muerte.

 

Hasta siempre Manzanero, porque segura estoy de que, a pesar de la distancia, tú siempre serás parte integral el imaginario colectivo del pueblo mexicano que recordará con nostalgia tus canciones.

 

MARÍA MARTHA MORENO MARTÍNEZ.

Acámbaro, Gto. 28 de diciembre de 2020.

 

 

 

 

 


UNA SILUETA FLOTANDO EN EL AIRE

  UNA SILUETA FLOTANDO EN EL AIRE     Debo haber tenido unos 6 o 7 años, cuando en el colegio Josefa Ortiz de Domínguez, una vez que termina...