K´URHÍKUA
EL PUENTE QUE HIZO DIOS.
Soy conocido como el “Puente de Piedra”, aunque me hubiera gustado que me hubiesen bautizado con mi nombre purépecha, es decir: K´urhíkua. Sí, he vivido en Acámbaro, desde el siglo XVIII y soy una de las estructuras, que aun después de tantos años, sigo en pie como fiel testigo de la historia de esta prodigiosa tierra.
- ¿Te gustaría conocer mi historia?
- Pero ¡claro! que me encantaría.
- Pues ven Sofía, ¡acompáñame! en este recorrido ¡maravilloso! que espero disfrutes tanto al leerlo, como yo al contártelo.
Fui construido allá por los finales del siglo XVIII entre 1785 – 1795, y fui posible por iniciativa de Fray Antonio de San Miguel, quien a la sazón era obispo de Michoacán y de quien se dice que organizó a la población para que contribuyera económicamente para levantar mi estructura lo más rápidamente posible pues veía la necesidad ¡urgente! de favorecer el comercio y la comunicación entre las dos márgenes del río Lerma.
Fui uno de los grandes objetivos del asentamiento español en México, ya que, Acámbaro estaba justamente en el centro del territorio nacional, por lo que brindaba una excelente ubicación geográfica para el comercio de una gran cantidad y diversidad de mercancías.
Sin contar con que Acámbaro poseía el principal requisito que buscaban los religiosos venidos de España durante el proceso de Evangelización para establecer sus asentamientos, es decir, cuerpos de agua. Uno de los cuales se localizaba en el fabuloso manantial de Tócuaro, pero también estaba el río Lerma, que era fuente de pesca, transporte y comercio entre los pueblos indígenas que se encontraban asentados en sus márgenes, tribus Chichimecas, Otomíes Purépechas y Guamares, principalmente.
Como uno de mis mejores atributos se encuentra el hecho de que no tengo ni un solo gramo de acero en mi estructura, pues la solides de la misma se debe únicamente a los arcos que me conforman pues, permiten distribuir mi peso, de manera uniforme, es por ello que he soportado el paso y el peso de tantos y tantos vehículos de todo tipo que me han atravesado durante ¡tantos años!
En cuanto a mis dimensiones, he de decir que tengo una longitud de 160 m de largo y de 5.30 a 6 m de ancho, tengo 9 arcos de casi 9 m de ancho, aproximadamente, el más grande de ellos tiene 21 m de altura y 12.5 m de claro.
El material de construcción que se empleó para edificarme fue cantera gris, principalmente, aunque también tengo piedra negra en el empedrado de mi superficie transitable.
Como México en aquella época estaba fuertemente influenciado por España y, por tanto, de la religión católica, me construyeron cuatro guardianes pétreos a los que se encomendó mi protección, me refiero a: la virgen María con el niño y san José al norte y al sur, san Francisco y la virgen de Guadalupe.
Aparte del objetivo, digamos práctico, con el que fui creado, también fui concebido para brindar esparcimiento a la población de la época, ello porque en mi parte interior, me refiero a la parte transitable, también me construyeron, 24 descansos, especie de banquitas, a cada lado, para que las personas pudieran reunirse a contemplar el paisaje o tener una charla amable mientras veían transitar a los transeúntes, o a los animales que me recorrían de lado a lado o bien, solazarse mirando desde arriba, el hermoso flujo del río Lerma que corre bajo mis arcos.
- Que bella historia me estás contando mi puente de piedra.
- Si Sofía, hasta aquí te he contado cómo fue mi pasado colonial, pero ahora, te pondré al tanto de mis hazañas más recientes. ¿Te parece bien?
- Ahhhh, pues que interesante me parece estar escuchándote, así que venga ahora la tu historia actual.
- Has de saber Sofía que en la época en que fui construido, no existían, ni en sueños, los vehículos de combustión interna que hay ahora, por lo que fui concebido para que transitaran por mi lomo únicamente bestias de carga. Sí, animales como caballos que podían llevar a alguien montado o en ancas. Claro que, a los caballos se podían adicionar carrosas que transportaban personas, o remolques que llevaban cargas de diferentes objetos, alimentos, principalmente de uno al otro lado de mi estructura. Ah y claro, me podían cruzar a pie, tal como lo siguen haciendo actualmente.
Se podría decir, que, a lo largo de mi historia, he sido testigo de diversos sucesos que han causado ciertas tragedias, las cuales han tenido su origen a raíz de la construcción de la presa de Solís, pues, cuando fui construido, bajo mis arcos solamente fluía el agua del manantial que da origen al rio Lerma, y que se ubica en el estado de México. Claro, también el agua de los escurrimientos provenientes de las lluvias que se producían en su trayecto hasta llegar a mí. Sin embargo, en el lapso de 1939 a 1949, durante los períodos presidenciales de Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán, se construyó la presa de Solís, la más grande del estado de Guanajuato, esta presa modificó de manera definitiva el caudal del río Lerma, pues en ciertas épocas del año casi escaseaba por completo el agua del río, pero cuando llueve demasiado, el agua retenida en ella, en varias ocasiones ha rebasado los límites digamos “permitidos” para garantizar la seguridad de la población y de los cultivos, es entonces, cuando la presa se desborda y provoca serias inundaciones, algunas de ellas, han sido de grandes dimensiones aun en la actualidad, pero quizá la más grave fue la primera que sucediera en 1958, a nueve años de haber entrado en operación la presa Solís.
Y a raíz de esta primera inundación, se planeo un muro de contención, el llamado bordo, que tiene como objetivo principal, detener el desbordamiento del río Lerma, al menos en la ciudad, porque, desde luego, no hay forma de prevenir la inundación en las tierras bajas del valle de Acámbaro.
A menudo se dice que Acámbaro, está ubicado en una zona de riesgo hidráulico. Y no es para menos, si se toma en cuenta el tamaño del embalse original de la presa Solís, que fue de 728 hectómetros cúbicos de agua.
Una de las cosas que me alegran es tener esta vista tan hermosa de los enormes Sabinos y Sauces que se encuentran en ambas márgenes del rio Lerma.
También me gusta ver a los enamorados cuando se animan a visitarme y se sientan en los descansos que tengo en el interior para tal efecto.
- Ah, ¡qué romántico!
- Bien, ahora te compartiré algunas de las anécdotas que me caracterizan, entre ellas, una que estoy seguro no se observa en ningún otro lugar de México, sí, me refiero a que por años y años, albergué durante el día al único semáforo viviente, ello porque debido a mi estrechez solo puedo permitir el paso de un vehículo a la vez, y como era transitado en ambos sentidos, se consideró que era necesario colocar en la parte más alta de mi arquería a una persona que hacía girar el “siga” y el “alto”, según las necesidades del tránsito. De noche, esto no era necesario porque, la propagación de la luz del vehículo que llegaba hasta mi base, impedía que el que estaba en el otro extremo se pasara. Así sucedió hasta que, por fin, se optó por permitir el tránsito únicamente en un solo sentido. ¡uf!, que alivio, porque así, he podido descansar un poco de la tremenda carga que soporta mi estructura hoy en día, ya que como te habrás dado cuenta, sigo en pie brindando el mismo servicio para el que fui concebido, sólo que ahora, el tráfico que me atraviesa es mucho más pesado, pues se trata de vehículos de combustión interna. Por lo que frecuentemente me pregunto ¿cuánto tiempo más me queda de vida? ¿cuánto tiempo más podré soportar este intenso tráfico? No lo sé, pero me gustaría que fuera por mucho tiempo más, porque, después de todo, en Acámbaro he sido muy feliz.
Otra de mis anécdotas que considero más significativas es la que encontré en la enciclopedia Wikipedia, la cual reporta que, en 1795, se llevó a cabo un inventario ordenado por el conde Revilla Giguedo, quien fuera virrey y presidente de la Junta Superior de la Real Hacienda de la Nueva España, pues en este documento se hace referencia a que “no hay puente más digno de noticia que el construido en Acámbaro”, así que como puedes ver, ¡sí que era importante!, ¿verdad?, bueno, y lo sigo siendo en la actualidad, ¿no lo crees?
- ¡Claro!, tu historia ha sido la del servicio constante, día y noche a esta población de Acámbaro, que debiera estarte muy agradecida, ¿verdad?
- Pues sí que me gustaría que me valoraran, que me cuidaran más. Sólo espero que para cuando los habitantes de Acámbaro tomen verdadera conciencia de los servicios que les he prestado, aún sea tiempo para rescatarme. No me gustaría morir olvidado de los acambarenses.
- Confío en que te cuidarán, ya verás.
- Eso espero Sofía. Pero por ahora, te seguiré contando mi historia, en especial unas anécdotas que me caracterizan, como aquella de que, aunque no lo creas, he sido motivo de inspiración para algunos artistas, pues se dice que, por lo menos dos canciones hacen referencia a mí, la más antigua es la de David Záizar, que escribió su canción “Rayando el sol”
Rayando el sol
me despedí;
bajo la brisa,
y ahí me acordé de ti;
llegando al puente,
del puente me devolví……
La otra canción es: “El puente de piedra” de los Chicanos.
Ya no brillan las estrellas
Ya la Luna está muy triste
Ya no suenan las campanas
Desde el día en que te fuiste.
Ya se quedó el puente solo….
Dime tú puente de piedra….
- ¡Guau!, nunca me imaginé que un puente de piedra pudiera inspirar canciones, eh.
- Ya ves que sí Sofía. Pero ahora viene lo triste, pues te contaré algunas cosas que me han hecho sufrir a lo largo de tantos y tantos años, entre otras, el hecho de que hay ciertas personas sin educación que se han atrevido a causarme diversos daños, como es el hecho de que han grafitado mis muros, esto es algo que me ha dolido mucho, porque mi único objetivo es servirlos, ¿cómo es posible entonces, que me puedan dañar?, me digo para mis adentros. Claro, porque por más que ¡grite! cuando esto sucede, no hay quien me escuche, porque yo tan solo soy un puente, pero si acercaras tu oído a mis canteras cada vez que me dañas, te darías cuenta, como me hacen llorar las travesuras de ciertos acambarenses. Por eso tú ¡Cuídame, por favor!
También te confieso que me duelen enormemente las heridas que me producen esas plantas que crecen en medio de la argamasa que une mis piezas, pues te confieso que, si esto no se detiene, pronto llegará el día que sólo quede de mí, el recuerdo, así pues, nuevamente te invito a que me cuides, y que, si ves que esas plantas acechan mi estructura, ¡corras pronto!, con las autoridades para que me puedan auxiliar. ¿Lo harás? Sofía.
- ¡Claro!, claro, cuenta con ello.
- Y sabes, yo no soy una persona, pero igual que tú, siento necesidad de un reconocimiento Sofía, y por ello, voy a ser sincero contigo, pienso que después de tantos y tantos años de haber prestado mi mejor servicio a esta comunidad, me siento, no te voy a mentir, un tanto, digamos, devaluado, menospreciado, tal vez, sí, me refiero a que no recuerdo que me hayan festejado alguna vez, no recuerdo que alguien me haya dado las “gracias”, no sólo por el servicio que han recibido de mi parte los habitantes de Acámbaro, sino, además, por mi sola presencia que ha aportado ¡tanto! al embellecimiento de la ciudad. Y tal vez ahora, a 230 años de haber entrado en operación, sería una buena oportunidad para este festejo ¿qué te parece? Sí, me gustaría presenciar una buena campaña, que me diera a conocer, sobre todo a las nuevas generaciones, principalmente a los niños, porque, tal vez no me valoren por voluntad propia, sino más bien por desconocimiento de toda la historia que hay detrás de mí.
Aunque, pensándolo bien, creo que miento, pues sí bien silenciosamente, imagino que algunas personas, como Don Luis Moreno, siempre reconocerán mi hermosura, pues con frecuencia Don Luis instaba hija diciéndole: Anda Marthita, llévame a “contemplar el puente que hizo Dios”.
· https://www.musixmatch.com/es/letras/Los-Chicanos/El-Puente-de-Piedra
· Wikipedia
· Blog: Acámbaro en la historia de Gerardo Argueta Saucedo.
MARÍA MARTHA MORENO MARTÍNEZ
10 de agosto de 2025