domingo, 15 de marzo de 2026

UNA MIRADA FURTIVA A: EL LOCO DE DIOS EN EL FIN DEL MUNDO

 

UNA MIRADA FURTIVA A 

EL LOCO DE DIOS EN EL FIN DEL MUNDO.

 

Hace ya algunos años, que sigo con atención la mesa de análisis que conduce Leo Zuckerman, cada día tiene invitados muy ad hoc al tema que se abordará. En diciembre del 2025, organizó una con el tema de: “Libros recomendados para estas vacaciones”, y bueno, cada analista llevaba sus propuestas, pero de todas, se destacó una que en particular llamó mi atención, se trataba de:

 

“El loco de Dios en el fin del mundo”

De Javier Cercas.

 

No solo el analista que presentó la propuesta expresó excelentes comentarios de la obra, sino que todos los asistentes, incluyendo, desde luego al conductor, se sumaron a lo anterior. Estas opiniones que escuché movieron de inmediato mi interés por leer este libro y corrí de inmediato por él.

 

Algunas de las opiniones que recuerdo son las siguientes:

 

·      Es un libro “redondo”, refiriéndose con ello a que “lo tiene todo”.

·      Seguramente Javier Cercas estará nominado al premio Nobel de literatura en su próxima edición.

 

Y me dije: A ver, a ver, vamos a ver que tan cierto es lo que están expresando estos comentaristas.

 

Antes de iniciar este ensayo, debo referirme a que, el libro se presta para hacer un análisis amplio y profundo sobre el tema, pero yo, sólo seleccioné algunos pasajes que me han parecido valiosos. 

 

Así pues, si me lo permites, iniciaré compartiéndote que no había conocido a Javier Cercas hasta que leí este libro, pero, investigando en Wikipedia encontré la siguiente información:

 

Javier Cercas, es un escritor español, nacido el 26 de abril de l962. Su obra se caracteriza por explorar los límites entre la realidad y la ficción, elemento presente en el libro que nos ocupa. También se reporta que sus libros han sido traducidos a más de 30 idiomas y que ha recibido múltiples premios.

 

Ahora bien, me gustaría compartirte que, entre los 7 autores de premio Nobel que he conocido, encuentro a grandes novelistas, poetas y ensayistas, así que tal vez por esta trayectoria, era de alguna manera el estilo que yo esperaba encontrar en este enigmático libro. Sin embargo, no fue así, el libro denominado El loco de Dios en el fin del mundo, cumple con las características que, a mi juicio, presenta el estilo denominado: “periodismo de investigación”, lo cual puedo sustentar incluso con la propia opinión del autor, a quien le escuché decir en una entrevista con Denis Merkel que “todos sus libros parten de una pregunta”, y desde luego, éste en particular.

 

También puedo decir que, el libro está narrado en primera persona, y que, el autor va describiendo en él toda una serie de sucesos, principalmente las múltiples entrevistas que hace a todo tipo de personas, para intentar dar respuesta a la pregunta que dio origen al libro. Por todo ello, podría decir que el libro también cumple con el estilo de una crónica.

 

Derivado de lo anterior, podría entonces permitirme decir que el libro se puede definir como una crónica periodística, y bueno, tal vez en la próxima entrega del Nobel la Academia Sueca decida incluir entre sus postulados también este estilo narrativo.

 

Y bien, ahora me permitiré compartirte tan sólo algunas opiniones que, derivadas de la lectura de dicho libro, he considerado valiosas. 

 

La pregunta de partida de esta narración es la siguiente:

 

¿Existe la resurrección?, y sí es así, su madre al morir ¿se encontrará en “la otra vida” con su padre?

 

En este sentido, este planteamiento me parece, por una parte, “muy simple”, ello porque de una forma u otra, es la pregunta que nos hacemos todos los cristianos, sin embargo, por otra parte, este mismo planteamiento lo percibo como “sumamente ambicioso”, en la medida que la respuesta conlleva a un discernimiento teológico de lo más complicado, pues bien, me atrevería a considerar que, el autor “juega”, por decirlo en palabras simples, con estas dos posturas a lo largo del libro.

 

Javier Cercas se reconoce a sí mismo como un ateo confeso, que perdió la fe a los catorce años y que, a partir de ahí, considera haber caído en el “abismo”, porque a partir de entonces perdió también su referencia existencial.

 

Y, a sabiendas de su ateísmo, un buen día recibe una misteriosa llamada del Vaticano en la que se le invita  a realizar un libro ofreciéndole para ello “abrirle las puertas” de tan elitista institución, desde todos los apoyos financieros, hasta la posibilidad de acceder a toda la información que requiera y la de entrevistarse con todas las personas que estime necesarias, incluyendo al mismo Papa Francisco, e incluso, su pase automático en un viaje a Mongolia que el papa está próximo a realizar.

 

- Pero ¿cómo?, pregunta él, ¿Uds. se han vuelto locos? Esto se lo escuché en la entrevista que Denis Merkel le hizo, donde expone, que él es un ateo, además de escritor y que, por lo tanto, está obligado a “decir la verdad”.

 

- Por eso mismo, le contesta Fazzini, director de la biblioteca del Vaticano, que es quien le hace el ofrecimiento, nos interesa un escritor imparcial, que escriba de lo que guste.

 

Al respecto debo confesar que este gesto del Vaticano me parece en sí mismo un acto de suma nobleza, en la medida que está dispuesto a revelar todas las “grietas”, sobre dicha institución, sino además  asumir las consecuencias de lo que se desvele en el libro. Este hecho le proporciona a la obra un fuerte carácter enigmático, que despierta una gran curiosidad en el lector.

 

Cercas extrañado acepta la invitación y, a partir de ese momento, empieza su peregrinar no sólo por las propias instalaciones de la institución, sino entrevistándose con todo tipo de personas, desde las más cercanas al Vaticano, como a las más alejadas geográficamente, entre ellas, a varios misioneros quienes, encontrándose en Mongolia son provenientes de las partes más alejadas del mundo, principalmente de África, y es en estos misioneros que Cercas descubre la felicidad que les da su vocación de servicio y su fe inquebrantable, aun cuando su  forma de pensar sea tan distinta.

 

Una vez que hube leído el libro, puedo decir que, más que la respuesta a la pregunta, que es en sí misma, la esencia del libro, lo que me pareció más valioso es el hecho de que Javier Cercas me llevó a conocer profundamente la personalidad de Francisco, este papa argentino, cuyo nombre anterior al pontificado fue: Jorge Bergoglio. Y, en este sentido, me permitió descubrir y admirar al hombre común, al hombre humilde que había detrás del papa, quien se enfrentó a los demás, pero, principalmente a sí mismo, a ese hombre que se reconoce como “un pecador” y que, consciente de su debilidad, pidió en todos sus sermones: “recen por mí”.

 

Una de las cualidades que descubrí en Francisco, y que me permitió admirarlo profundamente era su declarada postura anticlerical. El clericalismo visto como “el poder” que acumulan los allegados a la iglesia, principalmente los sacerdotes, aunque no es privativo de ellos, pues este fenómeno se observa también en otras personas que sabiéndose “más que los demás”, buscan poder. Y éste poder acumulado ha llevado, según la postura del propio papa Francisco, que se revela en el libro, a cometer los peores abusos que se han suscitado al interior de la iglesia católica, entre ellos, principalmente, los abusos sexuales que han dañado profundamente dicha institución.

 

Contrario a lo anterior, en el libro se revela que “Francisco era un hombre apasionado de Cristo que vivía su fe como una cercanía auténtica a las personas”. Podría además aportar que Francisco no vivió nunca en el palacio apostólico, sino en la pensión de santa Martha, junto con otros religiosos, usó por mucho tiempo el mismo par de zapatos con los que llegó al Vaticano con motivo del cónclave en el que fue elegido papa.

 

En el libro se expone que, durante su papado, Francisco logró cambios muy importantes en el Vaticano, como el hecho de sanear las finanzas y se reconoce que antes de su llegada, el Vaticano era propiamente un “paraíso fiscal”.

 

Algo más que me gustaría destacar es la postura de Cercas respecto a la antigüedad de la iglesia católica, pues se refiere a que los más grandes imperios del mundo han caído y que, sin embargo, y a pesar de todos los problemas que persisten en ella, la iglesia católica ha persistido por ¡más de 2,000 años!, lo cual es catalogado por Cercas como un verdadero “milagro”.

 

Algo que me pareció sumamente interesante es el hecho de que Javier Cercas identifica en la iglesia católica actual un “problema de lenguaje”, pues reconoce la dificultad que entraña el expresar, entre otros conceptos, la fe con un lenguaje “racional”. En este sentido me gusta la forma en que Cercas lo expresa: 

 

- “Sobre todo un misterio de ese calibre, un misterio realmente escandaloso. Porque la fe es un escándalo, ¿no?”, dice Cercas.

 

Y a continuación describe un diálogo entre Tornelli, periodista italiano y director editorial del Dicaserio para la comunicación del Vaticano y Fazzini, director de la librería del Vaticano, quien invita a Cercas a escribir el libro. En esta conversación está presente Cercas.

 

- “Pero ¡cómo no va a ser un escándalo!, Tornelli se vuelve hacia mí. Creemos en un Dios, que no es uno sino tres, que ha sacrificado a su hijo, que se ha hecho matar de la manera más cruel y que ha resucitado de entre los muertos…. Pero ¡qué es esto hombre! ¡Cómo se va a explicar eso racionalmente! Es en este sentido que Cercas reconoce el problema de lenguaje del catolicismo, así mismo afirma que el lenguaje que usa la iglesia actual es un lenguaje “oxidado”, y que, si éste no cambia, estará “muerto”, tal como lo atestiguan las iglesias vacías en Europa, así como, la falta de vocaciones religiosas. 

 

Con respecto al planteamiento anterior, al menos a mí me consoló saber que, al igual que, a decir de Tornielli, cuando el papa Francisco visitaba los hospitales infantiles y se le preguntaba el porqué del sufrimiento de los niños, él respondía: “yo no tengo la respuesta”, entonces, afirma Tornielli es consolador saber que no tenemos todas las respuestas, ni siquiera el papa las tiene.

 

Para mí, uno de los momentos más significativos del libro fue cuando, durante el vuelo a Mongolia, Javier Cercas, tuvo la oportunidad de plantear la pregunta al papa, entonces el papa, le pide que lo acompañe al frente del avión y es ahí donde mantienen un diálogo que trataré de describir a continuación:

 

- “Santidad, mi madre cree en la resurrección de la carne y la vida eterna; cree que después de muerta volverá a ver a mi padre. La iglesia se la ha prometido.

- Y a mí también, nos lo ha prometido a todos. Es la promesa del Señor: que yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo…. La historia pasa por momentos oscuros, pasa momentos felices, pero el Señor siempre está. Y la iglesia igual: tiene momentos de paz, momentos de persecución, pero el Señor siempre está”.

- Entonces le puedo decir a mi madre que cuando muera va a ver a mi padre.

- Con toda seguridad.

- ¿Con toda seguridad?

- Con toda seguridad.

- Es extraordinario. Es un escándalo.

- Es un escándalo. Pero es así la promesa del Señor es ésa. Nos va a llevar a todos allá. Con Él. A todos. A su madre, a su padre…. A usted también, aunque no crea. Eso a él le da igual. Qué le vamos a hacer. Son las cosas de Dios.

 

Y así finaliza este gran libro, del que pude aprender tanto, especialmente a reconocer y admirar la grandeza del papa Francisco.

 

Fuentes de referencia:

·      https://es.wikipedia.org/wiki/Javier_Cercas

MARIA MARTHA MORENO MARTINEZ

15 de marzo de 2026.

 

 

 

martes, 3 de marzo de 2026

RECORDANDO LOS COLOQUIOS

 

RECORDANDO LOS COLOQUIOS

 

 

- ¡Métete esas cintas!

- Métete esas cintas

- ¡Qué te metas esas cintas!

- Qué te metas esas cintas

- ¡A ti te lo digo!

- A ti te lo digo

 

Y soltaba la carcajada. 

 

Estoy recordando a mi padre, cuando nos platicaba esa anécdota que había presenciado en un coloquio.

 

Eran los tiempos en que los hombres vestían  calzones de manta, de ahí que se hablara de “las cintas” cuando en pleno coloquio, el actor y el apuntador no lograban ponerse de acuerdo.

 

Un lugar donde yo llegué a presenciar los coloquios era en lo que ahora es el seminario Pio Mariano, ahí la señorita Pachita dirigió por muchos años de manera admirable y recia su escuelita, donde ella, como la única profesora, enseñaba a los niños del barrio sus primeras letras, y los encaminaba hasta el tercer grado. 

 

En el mismo espacio, la señorita Tere Posadas, los sábados nos daba catecismo y en el tiempo libre entre una lección y otra nos contaba  hermosas historias. De una  de ellas recuerdo tan sólo su título: “De los Apeninos a los Alpes”.

 

En la escuela de la señorita Pachita, habitaban los fantasmas, en especial, era famosa la anécdota de “El padre sin cabeza”, que nos hacía correr por un pasillo cuesta arriba una vez que habíamos aceptado el reto de adentrarnos en la casa hasta donde se encontraba el templo de San Antonio.

 

 

La escuelita tenía un pequeño tablado, al que la señorita Pachita le sacaba provecho adaptándolo  por las noches para realizar los coloquios. Así que era común ver por las noches llegar a los actores y al director del grupo que se reunían para ensayar.

 

Cuando ya todo estaba listo, se invitaba a las personas del barrio para que asistieran al coloquio, que siempre era de noche y a dónde me encantaba asistir,  y yo ponía en un verdadero dilema a mi mamá cuando le planteaba:

 

- Mamá, déjame ir a ver el coloquio.

- Bien, pues quédate en casa de tu abuelita.

- Ah, no, que mi tío Valerio me lleve a la casa cuando termine la obra.

- Pero si ya sabes que termina muy tarde.

- No, pues ni modo. Es que extraño mi camita mamá.

- Pues ni modo, ¡vámonos!

 

Otro de los recuerdos que tengo de los viejos coloquios, fue una vez que mi tía Anita me invitó a ver uno que se celebraba en el barrio del Pinito. Como ya sabíamos que ahí pasaríamos la noche, pues hubo que llevar una sillita. Recuerdo que lo disfruté enormemente.

 

Pues bien, posteriormente, los antiguos coloquios dieron lugar al género que ahora se llama: “pastorela”, que a mi juicio tienen cierto parecido, aunque el género coloquio es más amplio,  pues la pastorela se concentra en exponer el nacimiento del niño Dios, mientras que los coloquios pueden abarcar cualquier tema religioso.

 

No había vuelto a oir hablar de los coloquios hasta el día 19 de febrero de 2026, a raíz del seminario que con motivo de los 500 años de la fundación de Acámbaro y la presencia de los frailes franciscanos en sus tierras, está organizando la parroquia de San Francisco de Asis. La conferencia de ése día se entituló: 

 

MEMORIAS DE LA PRESENCIA FRANCISCANA EN ACÁMBARO.

Ponente:

Fray Eduardo López Martínez, O.F.M.

 

La conferencia estuvo organizada en 5 temas, el tercero de los cuales se refirió a:

 

Los métodos e influencia misionera de los franciscanos.

 

Este tercer tema se dividió en once aspectos, el aspecto No. 6 se denominó:

 

La evangelización y el teatro.

 

Fue aquí donde el padre Eduardo hizo referencia a la enorme dificultad que enfrentaban   los frailes para evangelizar a un pueblo “pagano”, y buscando estrategias para lograrlo  habían recurrido al teatro para trasmitir contenidos bíblicos. En estas tertulias teatrales, los indígenas eran los actores, por lo tanto, también eran parte misma del proceso de evangelización, y de esta forma, lograban los misioneros una mayor sensibilización para que  aceptaran la fe cristiana.

 

Bueno, el caso es que, cuando escuché estas palabras, inmediatamente vino a mi memoria el recuerdo  de los coloquios y pregunté que si estas estrategias teatrales, realizadas durante la evangelización podían considerarse el orígen de los COLOQUIOS. Y, al parecer así fue, pues el mismo padre Chava, que al igual que yo se encontraba en la conferencia recitó este parlamento coloquial:

 

- Venciste Miguel

- Venciste

- y con tu poderosa espada

- ¡Ah que chinga me pusiste!

 

A lo que todos respondimos con una carcajada.

 

En cuanto al significado la Real Academia de la Lengua Española  define esta palabra  de la siguiente manera:

 

Coloquio es una conversación entre dos o más personas, una reunión para debatir un tema o un género literario dialogado.

 

Y bueno, todo lo anterior se cumple en un coloquio, sin embargo, de acuerdo a mi pequeña experiencia en los coloquios, debo decir que, desde mi punto de vista, en los coloquios, efectivamente se realizaba un diálogo entre los actores, pero, los coloquios que yo recuerdo, siempre versaban sobre temas religiosos, los diálogos se presentaban en verso, y, considero que lo más característico era que los parlamentos se hacian en un sentido alegórico, e incluso en doble sentido. Lo cual generaba entre los asistentes una gran alegría. Esta característica era muy importante, porque los coloquios eran de larga duración, y no era extraño que durasen toda la noche. Entonces, asistir a un coloquio era garantizar por anticipado la diversión y, desde luego, el mensaje bíblico, que era lo más importante, sobre todo, debió serlo en la época de la evangelización en la Nueva España.

 

Investigué  en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española las características de un coloquio desde el punto de vista lírico y  de ellas te comparto las tres que consideré más importantes: 

 

1.    Forma de diálogo lírico: Se trata de un diálogo entre dos o más voces que expresan sentimientos profundos de amor, dolor o contemplación de la naturaleza.

2.    Orígen y tradición: en la literatura el coloquio fue muy popular durante el Renacimiento, recuperando formas clásicas grecolatinas donde los personajes dialogan en un entorno poético.

3.    Contenido emocional: El tema central es el diálogo interno o externo del sujeto lírico. Se centra en la subjetividad, emociones o sensaciones respecto a un objeto de inspiración”.

 

Ahora que escribo las características de los coloquios desde la lírica, viene a mi mente la tradición griega. Los griegos eran amantes del teatro, prueba de ello la encontramos en los magníficos teatros que aún ahora permanecen en pie y algunos de ellos en perfectas condiciones, tal como los pude observar en Atenas y luego en Éfeso.

 

El teatro griego tuvo su época dorada allá por el siglo V a.C, eso significa que esta tradición por el teatro viene desde hace unos 700 años. 

 

El gusto por el teatro pasó de Grecia a Roma y de ahí a España, finalmente, a la Nueva España y, podríamos concluir que éste es el orígen de los Coloquios que los frailes franciscanos pusieron en práctica para facilitar el proceso de evangelización en la Nueva España, y por supuesto, en Acámbaro.

 

MARÍA MARTHA MORENO MARTÍNEZ

3 de marzo de 2026

 

 

UNA MIRADA FURTIVA A: EL LOCO DE DIOS EN EL FIN DEL MUNDO

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