RECORDANDO LOS COLOQUIOS
- ¡Métete esas cintas!
- Métete esas cintas
- ¡Qué te metas esas cintas!
- Qué te metas esas cintas
- ¡A ti te lo digo!
- A ti te lo digo
Y soltaba la carcajada.
Estoy recordando a mi padre, cuando nos platicaba esa anécdota que había presenciado en un coloquio.
Eran los tiempos en que los hombres vestían calzones de manta, de ahí que se hablara de “las cintas” cuando en pleno coloquio, el actor y el apuntador no lograban ponerse de acuerdo.
Un lugar donde yo llegué a presenciar los coloquios era en lo que ahora es el seminario Pio Mariano, ahí la señorita Pachita dirigió por muchos años de manera admirable y recia su escuelita, donde ella, como la única profesora, enseñaba a los niños del barrio sus primeras letras, y los encaminaba hasta el tercer grado.
En el mismo espacio, la señorita Tere Posadas, los sábados nos daba catecismo y en el tiempo libre entre una lección y otra nos contaba hermosas historias. De una de ellas recuerdo tan sólo su título: “De los Apeninos a los Alpes”.
En la escuela de la señorita Pachita, habitaban los fantasmas, en especial, era famosa la anécdota de “El padre sin cabeza”, que nos hacía correr por un pasillo cuesta arriba una vez que habíamos aceptado el reto de adentrarnos en la casa hasta donde se encontraba el templo de San Antonio.
La escuelita tenía un pequeño tablado, al que la señorita Pachita le sacaba provecho adaptándolo por las noches para realizar los coloquios. Así que era común ver por las noches llegar a los actores y al director del grupo que se reunían para ensayar.
Cuando ya todo estaba listo, se invitaba a las personas del barrio para que asistieran al coloquio, que siempre era de noche y a dónde me encantaba asistir, y yo ponía en un verdadero dilema a mi mamá cuando le planteaba:
- Mamá, déjame ir a ver el coloquio.
- Bien, pues quédate en casa de tu abuelita.
- Ah, no, que mi tío Valerio me lleve a la casa cuando termine la obra.
- Pero si ya sabes que termina muy tarde.
- No, pues ni modo. Es que extraño mi camita mamá.
- Pues ni modo, ¡vámonos!
Otro de los recuerdos que tengo de los viejos coloquios, fue una vez que mi tía Anita me invitó a ver uno que se celebraba en el barrio del Pinito. Como ya sabíamos que ahí pasaríamos la noche, pues hubo que llevar una sillita. Recuerdo que lo disfruté enormemente.
Pues bien, posteriormente, los antiguos coloquios dieron lugar al género que ahora se llama: “pastorela”, que a mi juicio tienen cierto parecido, aunque el género coloquio es más amplio, pues la pastorela se concentra en exponer el nacimiento del niño Dios, mientras que los coloquios pueden abarcar cualquier tema religioso.
No había vuelto a oir hablar de los coloquios hasta el día 19 de febrero de 2026, a raíz del seminario que con motivo de los 500 años de la fundación de Acámbaro y la presencia de los frailes franciscanos en sus tierras, está organizando la parroquia de San Francisco de Asis. La conferencia de ése día se entituló:
MEMORIAS DE LA PRESENCIA FRANCISCANA EN ACÁMBARO.
Ponente:
Fray Eduardo López Martínez, O.F.M.
La conferencia estuvo organizada en 5 temas, el tercero de los cuales se refirió a:
Los métodos e influencia misionera de los franciscanos.
Este tercer tema se dividió en once aspectos, el aspecto No. 6 se denominó:
La evangelización y el teatro.
Fue aquí donde el padre Eduardo hizo referencia a la enorme dificultad que enfrentaban los frailes para evangelizar a un pueblo “pagano”, y buscando estrategias para lograrlo habían recurrido al teatro para trasmitir contenidos bíblicos. En estas tertulias teatrales, los indígenas eran los actores, por lo tanto, también eran parte misma del proceso de evangelización, y de esta forma, lograban los misioneros una mayor sensibilización para que aceptaran la fe cristiana.
Bueno, el caso es que, cuando escuché estas palabras, inmediatamente vino a mi memoria el recuerdo de los coloquios y pregunté que si estas estrategias teatrales, realizadas durante la evangelización podían considerarse el orígen de los COLOQUIOS. Y, al parecer así fue, pues el mismo padre Chava, que al igual que yo se encontraba en la conferencia recitó este parlamento coloquial:
- Venciste Miguel
- Venciste
- y con tu poderosa espada
- ¡Ah que chinga me pusiste!
A lo que todos respondimos con una carcajada.
En cuanto al significado la Real Academia de la Lengua Española define esta palabra de la siguiente manera:
Coloquio es una conversación entre dos o más personas, una reunión para debatir un tema o un género literario dialogado.
Y bueno, todo lo anterior se cumple en un coloquio, sin embargo, de acuerdo a mi pequeña experiencia en los coloquios, debo decir que, desde mi punto de vista, en los coloquios, efectivamente se realizaba un diálogo entre los actores, pero, los coloquios que yo recuerdo, siempre versaban sobre temas religiosos, los diálogos se presentaban en verso, y, considero que lo más característico era que los parlamentos se hacian en un sentido alegórico, e incluso en doble sentido. Lo cual generaba entre los asistentes una gran alegría. Esta característica era muy importante, porque los coloquios eran de larga duración, y no era extraño que durasen toda la noche. Entonces, asistir a un coloquio era garantizar por anticipado la diversión y, desde luego, el mensaje bíblico, que era lo más importante, sobre todo, debió serlo en la época de la evangelización en la Nueva España.
Investigué en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española las características de un coloquio desde el punto de vista lírico y de ellas te comparto las tres que consideré más importantes:
1. Forma de diálogo lírico: Se trata de un diálogo entre dos o más voces que expresan sentimientos profundos de amor, dolor o contemplación de la naturaleza.
2. Orígen y tradición: en la literatura el coloquio fue muy popular durante el Renacimiento, recuperando formas clásicas grecolatinas donde los personajes dialogan en un entorno poético.
3. Contenido emocional: El tema central es el diálogo interno o externo del sujeto lírico. Se centra en la subjetividad, emociones o sensaciones respecto a un objeto de inspiración”.
Ahora que escribo las características de los coloquios desde la lírica, viene a mi mente la tradición griega. Los griegos eran amantes del teatro, prueba de ello la encontramos en los magníficos teatros que aún ahora permanecen en pie y algunos de ellos en perfectas condiciones, tal como los pude observar en Atenas y luego en Éfeso.
El teatro griego tuvo su época dorada allá por el siglo V a.C, eso significa que esta tradición por el teatro viene desde hace unos 700 años.
El gusto por el teatro pasó de Grecia a Roma y de ahí a España, finalmente, a la Nueva España y, podríamos concluir que éste es el orígen de los Coloquios que los frailes franciscanos pusieron en práctica para facilitar el proceso de evangelización en la Nueva España, y por supuesto, en Acámbaro.
MARÍA MARTHA MORENO MARTÍNEZ
3 de marzo de 2026
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