I T Z Ï
- Hola Sofía, te comento que, en ese afán posesivo que tenemos los humanos, de llamar a cada cosa por “su nombre”, me han bautizado en esta historia como: “ITZÏ, aunque en realidad, no soy más que agua.
- ¿Agua?, ¿y por qué Itzï?
-Sí agua venida desde lejos. E Itzï que significa agua en lengua purépecha. Y ahora, ¿Quieres conocer mi historia Sofía?
- ¡Claro!, ya te he comentado que ¡las historias me fascinan!
- Bien, pues ponte cómoda Sofía.
Verás, hace 500 años que los religiosos franciscanos llegaron al valle de Acámbaro, y entre ellos venía un fraile de nombre: Antonio de Bermul, el pertenecía a la Provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán, avecindada en territorio de Tzintzuntzan, Mich.
El padre Bermul venía con una encomienda muy importante Sofía.
- ¿Cuál era esa misión tan importante que se le encomendó a este fraile?
- Ah, pues mira Sofía, a este fraile se le encomendó un objetivo muy importante, me refiero a: establecer una misión en lo que a partir de la llegada de los españoles se dio en llamar: “San Francisco de Acámbaro”, y su meta principal era ubicar una buena fuente de agua, ya que, sin ella, su misión hubiera sido imposible, y fue así como fray Antonio de Bermul, comenzó una intensa búsqueda por la región a lomo de Pancha, su mula, y en compañía de Emilio y Juan, sus ayudantes. Quienes caminaban durante el día, y descansaban sobre la hierba y a la luz de las estrellas y la Luna durante la noche. Esta travesía duró varios días, y cuando ya se les habían agotado los víveres y estaban a punto de desfallecer, me dejé encontrar, sí allá en lo alto de las montañas que rodean la llanura de la comunidad de los Tócuaro, tierra de la tribu Purépecha.
- ¡Guau! Itzï, eso sí que debió ser ¡fantástico!, mira que ahora que me estás contando, casi me imagino montada en Pancha y contemplando los verdes campos y el maravilloso cielo que los acompañaba. ¿Verdad?
- Sí claro Sofía, en aquellos tiempos no había tantos distractores como ahora y, por lo tanto, el clima era propicio para la contemplación.
- Es verdad, pero ¡sígueme contando Itzï!
- Sí, los indígenas purépechas me conocían muy bien, pues gracias a mi potencial, podían cultivar sus tierras y dar de beber a sus rebaños, pero principalmente, podían saciar su sed.
Pero bueno, pensé, ¿por qué no? El caudal de mi manantial era lo suficientemente generoso como para alimentar también a este pueblo de Acámbaro, que estaba fundándose en la región. Así que: Sí, dije yo, ¡vamos a dar vida a los sedientos habitantes de esas tierras!
Y fue así como el padre fray Antonio de Bermul, me adoptó y me facilitó el camino para llegar hasta Acámbaro. Digo lo anterior porque fue capaz de construirme todo un acueducto de hermosas piedras que, por cierto, es el único en todo lo que después sería el Estado de Guanajuato y que se mantiene aún en pie, y se puede decir que en buen estado. Bueno, resistiendo el paso del tiempo y la insensibilidad de los habitantes de la ciudad que no han aprendido a valorar tan importante obra hidráulica que se construyó en sus tierras en plena época virreinal.
- Pero que ¡maravillosa historia! Me estás contando Itzï.
- ¿Verdad que sí Sofía? Mira, ahora te hablaré de mis características organolépticas que eran bien conocidas en la región de Tócuaro:
sabor ¡exquisito!,
transparencia ¡prístina!,
salinidad, apropiada
todo ello hacía que yo, Itzï, fuera tan bien recibida en la región de Acámbaro, una vez que llegué aquel primer día a mi encuentro con este nuevo pueblo hasta donde desembocaba el acueducto, es decir, hasta la fuente de la pila de la Cruz.
- ¿Entonces si llegaste hasta Acámbaro Itzï?
- ¡Claro que sí!, llegué hasta la pila de la Cruz y de ahí, iban por mí para llenar los cántaros que se cargaban en maromas, es decir, un palo atravesado sobre los hombros y dos mecates que servían para soportar y equilibrar los cántaros a cada lado, también se usaron los burritos y de ahí me iba a dónde me necesitaban.
- ¡Qué maravillosa historia Itzï!
- Sí Sofía, pero también has de saber que ya después me llevaron más lejos, a diferentes bitoques.
- ¡Bitoques! ¿Qué era eso?
- Ah, pues mira Sofía, los bitoques eran pequeñas tomas que se colocaban en diferentes barrios del pueblo para que yo, Itzï estuviera más cerca de sus casas. Y luego, fui llevada hasta el distribuidor de la Alcantarilla, que aun hoy se encuentra en pie, en la esquina que domina Aldama e Hidalgo, y de ahí fui conducida también a la hermosa fuente Morisca que para entonces pertenecía a la orden franciscana, ya que se encontraba en lo que era el jardín del convento de Santa María de Gracia.
- Oye Itzï, me encantaría conocer esa fuente Morisca. ¿crees que aún sea posible?
- ¡Claro Sofía, bastaría con que te encaminaras al interior del mercado Hidalgo, para que puedas apreciarla! Te darás cuenta cómo es increíble que aun ahora, se mantenga en pie y en buen estado, aunque claro, que son visibles, las huellas del tiempo, pero aun así, se puede apreciar su belleza.
- Ten la seguridad de que iré a conocerla Itzï, pero ahora, sígueme contando esta maravillosa historia.
- Pues verás, como parte importantísima del objetivo de fray Antonio de Bermul, también fui llevada hasta las mismísimas instalaciones del Templo del Hospital, y, concretamente a la fuente que está en un costado, posteriormente, al convento de Santa María de Gracia, hogar de la misión que se había encargado originalmente a fray Antonio de Bermul desde el corazón de la provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán.
Debo decir que aún hoy me siento muy orgullosa de haber contribuido de forma tan importante para la fundación de la misión franciscana en la tierra de Acámbaro y digo lo anterior porque, aunque ya después se han perforado varios pozos profundos que han dotado de agua a esta comunidad, fui yo, Itzï, quien alimentó por muchos años a esta comunidad, y la trascendencia de mi contribución es tal, que, incluso ahora mismo, si algún día te animas a visitarme en mi hogar original, me encontrarás ahí mismo, donde fui descubierta y te sorprenderás de toda la riqueza de mi manantial. Escucharás el sonido de mi caudal abriéndose paso por en medio de las rocas y me verás cantando y saltando, podrás, si quieres, refrescarte conmigo y te invito a que “me pruebes”, para que puedas comprobar por ti misma, la riqueza de mi sabor, ¡tan exquisito!
- Pues ya tengo otra tarea Itzï, conocer el manantial original donde fuiste descubierta por fray Antonio de Bermul. Te prometo que, en cuanto me sea posible, estaré probándote de primera fuente. Ya verás que voy a ir a conocer el manantial en el que naciste.
- ¿Sabes? Sofía, me gustaría terminar esta historia comentándote lo siguiente, que, por cierto, me resulta de lo más preocupante.
- ¿De qué se trata Itzï eso que te tiene tan preocupada? Además, me gustaría saber si puedo hacer algo para remediarlo.
- De eso se trata Sofía, pues has de saber que el agua ya desde ahora, es el mayor tesoro que tienen los seres humanos, e incluso se comenta que las futuras guerras serán por el agua, por eso te invito a que me quieras y me cuides, antes de que sea ¡demasiado tarde!
Se despide de ti, Itzï, el agua del manantial de Tócuaro, quien ha sido fiel a la comunidad de Acámbaro, por 500 años.
- Gracias Itzï, me encantó conocer tu historia y me comprometo a que, a partir de ahora, usaré el agua con mucho cuidado, tratando de no desperdiciarla, para que las futuras generaciones puedan disfrutar de ella, como lo hago yo ahora.
MARÍA MARTHA MORENO MARTINEZ
15 de enero de 2026
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