LA RUTA DEL ACUEDUCTO.
Hoy decidió hacer su caminata siguiendo la ruta del acueducto, así que, se dispuso
a encaminar sus pasos sintiendo a su lado izquierdo la presencia de tan emblemático monumento en su natal ciudad, Acámbaro, a la derecha iba viendo los árbolitos que con su tierno verde embellecen la calzada y permiten que el acueducto luzca una nueva y bonita imagen.
Hacía un día nublado y fresco, caía sobre sus hombros un chipi chipi, que disfrutaba intensamente.
La torre de San Antonio se le descubre orgullosa en su recorrido de este día.
A su paso miró a los niños del kinder acompañados de su mamá o de su papá, vistiendo unos ¡preciosos! Impermeables, y las niñas luciendo ¡hermosas! Trenzas o su bonito moño que hacía juego con su uniforme. Vió con tanto gusto esa escena que añoró la época en que también ella había sido niña.
También observó como un papá tomaba en sus brazos a su hijito y de tanto en tanto lo acercaba al acueducto, repitiendo la operación varias veces, fue así como imaginó que tal vez aquel hombre quería que su hijo aprendiera a valorar esta bella joya arquitectónica de su ciudad, y recordó que los menonitas, acostumbran a sus hijos pequeños a caminar descalsos, porque a través de esta práctica, buscan que sus hijos experimenten el arraigo a la tierra que pertenecen.
Siguió caminando, subiendo ahora la cuesta del cerrito de la Soledad, observó como un señor cultivaba su huerto, arando la tierra donde tenía plantadas unas bonitas matas de maíz.
Vió a lo lejos los cerros coronados de una sueve neblina blanca por donde asomaban sus cimas, dando cuenta a los transeúntes de su presencia.
Luego se encaminó al templo de San Isidro Labrador, y recordó que fue inaugurado en 1968, y por esta razón, los anillos olímpicos fueron parte de la decoración de su campanario. Entró para solazarse con el hermoso mural, del pintor Pedro Cruz, que da la bienvanida a los visitantes y que muestra una bella imagen de san Isidro haciendo oración mientras sus bueyes aran la tierra guiados por un ángel que los conduce.
Cuando ella era pequeña, la visita a este templo era uno de los lugares a los que su madre solía llevarlos con cierta frecuencia. Ella recuerda que era un placer contemplar aquel lindo mural de San Isidro Labrador y que pasaban largo tiempo contemplando, analizando y comentando entre todos los bellos detalles que presenta, disfrutaban ver aquel angelito que si se colocaban de un lado, parecía dirigirse hacia ellos y si cambiaban de posición, el angelito también lo hacía.
Con todas esas emociones rescatadas de su caminata, ella volvió a su casa para continuar con las actividades de su día.
MARÍA MARTHA MORENO MARTÍNEZ
2 de julio de 2026