jueves, 1 de octubre de 2026

DESPIDIENDO A UN FIEL AMIGO

 

DESPIDIENDO A UN FIEL AMIGO

 

Hay seres humanos que, 

con solo estar ahí lo iluminan todo, 

no tienen que pregonar lo que hacen, 

se esfuerzan siempre por el bien de los demás

su sencillez los identifica

 y les confiere el poder de su sola presencia.

 

Lo conocí allá por el 1981, ya fue mi alumno en la primera generación del CBTis 147, cuando presenció los serios problemas a los que me enfrentaba, cuando yo, al fin primeriza maestra, tenía que lidiar con ciertos “alumnos” que, habiendo sido expulsados de otras escuelas de nivel medio superior, fueron a dar a nuestro plantel, que, por ser su primera generación se aceptó a todo aquel que deseara un lugar en sus, para entonces, ruinosas aulas.

 

Ya después de muchos años, lo volví a encontrar, siempre en las instalaciones del Deportivo Ferrocarrilero, en donde tenía su escuela de futbol.

 

Se le veía llegar muy temprano los lunes, miércoles y viernes, siempre en su bici, cargando todo tipo de accesorios para su entrenamiento: conos, varas, y siempre una enorme bolsa de pelotas.

 

Llegaba, e iba colocando en el piso los objetos que necesitaba y así esperaba a sus alumnos.

 

Lo vi entrenar a niños y a jóvenes. Había temporadas en que sus clases estaban llenas, como en el tiempo de vacaciones, pero había otras ocasiones en que los alumnos se escaseaban, pero no por eso se desanimaba, fui testigo de cómo se dedicó en cuerpo y alma, aunque fuese a una sola de sus alumnas.

 

Cierto día en que mi hermana y yo nos esperábamos pasar una solitaria navidad, tocaron a la puerta a eso de las 9 de la noche, era él que empezaba a bajar diversos manjares: lomo mechado, puré de papa, ensalada de arándanos, pastel y mi hermana, sorprendida le decía:

 

- Pe, pero Sr. espere…. Pienso que se ha equivocado de domicilio.

- No, ¿no es aquí donde vive mi querida maestra Marthita? 

- Si, pero bueno, entonces dígame por favor, cuánto debo de todos estos ricos platillos que Ud. me trajo.

- Nada, nada. Se los envía mi gran amigo Silvestre. Que también fue su alumno.

- Ahhhhh, pues muchas gracias.

 

He visto amistades duraderas y leales, pero la de él con Silvestre, siempre la recordaré como un símbolo de lo que debiéramos hacer el resto de los seres humanos. Silvestre y él, fueron amigos de toda la vida, bueno, al menos desde que estuvieron en el CBTis y hasta el último día de su vida.

 

Después de entrenar a sus alumnos, llegaba a la tienda de Silvestre a darle los buenos días, luego regresaba por la tarde y lo acompañaba hasta que cerraba su local. Ahí los encontraba platicando siempre a esos buenos amigos.

 

Hoy escribo estas líneas para despedir a su última morada a mi gran amigo y ex alumno, JESÚS LEMUS, a quien Dios tenga en su gloria.

 

MARÍA MARTHA MORENO MARTINEZ

1º de octubre de 2026

 

 

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