500 AÑOS DE HISTORIA FRANCISCANA EN ACAMBARO.
Toda la semana venía escuchando el dulce y emotivo repicar de las campanas que, por la tarde, citaban a los fieles a reunirse para celebrar la novena que conmemoraba el 500 aniversario de la fundación de Acámbaro. Pero a ella no se le daba acudir a este encuentro, mucho menos presenciar el programa cultural que se celebraba a diario en el atrio del parroquial.
Pero, por alguna razón, pensó ella, hoy sí que iré, pero sólo a la iglesia, el resto de los eventos no le interesaba en absoluto. Así que se fue muy temprano, incluso cuando la puerta del templo aún estaba cerrada, pero sí pudo ingresar por el claustro. Ahí, conversando con algunas personas se enteró que se iba a celebrar una misa en honor al Señor de Araró, lo cual le pareció muy normal, después de todo, había misas para honrar a diversos santos.
Pensó caminar un poco mientras se llegaba la hora de la misa que estaba programada para las 7 pm. Y, por la calle pudo ver que había mesas y tapetes florales y aserrín en diversos puntos de la ciudad. Fue entonces cuando pensó. ¡Guau!, entonces no sólo se celebrará la misa en honor al Señor, sino que él mismo nos visitará. ¡No lo podía creer! Ella había visitado en varias ocasiones su santuario, pero nunca, en toda su vida, había sido testigo de semejante acontecimiento.
Que el propio Señor de Araró estuviera en su tierra le parecía de lo más ¡extraordinario! Así, siguió caminando y en la entrada del atrio llamó su atención encontrarse a un ejército de señores ataviados con camisas blancas en las que se leía el emblema “Guardianes del Señor de Araró”, estaban bajando algo de una camioneta. Así que se acercó a ellos y les preguntó:
- ¿Ahí está?
- No, le contestaron, aquí sólo traemos la cruz. Entonces ya no le quedó duda, el Señor estaba en camino de llegar a la parroquia de San Francisco de Acámbaro. Dudó si ir a su encuentro por las calles o hacerse de un lugar para presenciar la celebración cómodamente. Optó por la segunda alternativa, aun cuando eran cerca de las 5 de la tarde. En ese momento, vino a su mente aquella frase que alguna vez le había escuchado al padre Eduardo, “Uds. no vinieron por su gusto, sino por inspiración del Espiritu Santo”. ¡Guau!, pensó, es cierto. Porque ella no había deseado asistir a las celebraciones del quincuagésimo aniversario, sino hasta hoy. Justamente hoy. Aun cuando llegó al templo mucho antes de escuchar el repique de las campanas y mucho menos saber nunca de lo que estaba a punto de presenciar.
Permaneció en su lugar, contemplando el ambiente que se producía en torno al evento, las personas empezaban a llenar los espacios disponibles, algunos comentaban acerca de la celebración.
Cuando de pronto, lo miró desde su lugar, alzado sobre su cristalina cruz, esperando ingresar al templo. Fue tanta su emoción que estuvo a punto de llorar.
Enseguida entraron algunos frailes que lo habían estado acompañando por las calles de la ciudad, también ingresaron varias danzas, y la banda de música, luego empezó a caminar Él, rodeado de gente y cuanto más se acercaba, ella experimentaba en su interior un cúmulo de emociones, casi indescriptibles: recuerda haber pedido su intercesión, y su piedad para todos sus hijos, que, como ella, habían llegado a su encuentro. Y aún ahora, al escribir estas líneas las lágrimas brotan de sus ojos con tan sólo recordar aquella imagen dolorosa y tan largamente honrada por ella y todos los que estaban en el interior del templo.
Enseguida, un tumulto de personas inundó la iglesia, hasta no caber más. Nunca, ni en las fiestas más conmemorativas del pueblo, ella había presenciado tal avalancha humana en torno a tan gloriosa imagen religiosa. La gente se desbordó, literalmente, cantando, bailando, gritando porras, aplausos, etc., enseguida dio inicio la celebración presidida por el Sr. arzobispo de Morelia José Armando Álvarez Cano. Entonces se produjo otra sorpresa más, pues resultó que la liturgia de la misa giró en torno a la invocación del Espíritu Santo, pues en la primera lectura, tomada del libro de Los Hechos de los Apóstoles, se hace referencia a Pentecostés, y se refiere a cómo, después de la resurrección del Señor, estando su apóstoles y otros discípulos reunidos, se les apareció diciéndoles: “La paz esté con vosotros”, luego, el Espíritu Santo, descendió sobre ellos en forma de lenguas de fuego y empezaron a expresarse en diferentes idiomas, lo cual les pareció muy extraño a los asistentes, pues cada uno los escuchaba hablar en su propia lengua, aun cuando en Jerusalén había en ese momento: judíos devotos venidos de diferentes partes, tales como: Mesopotamia, Frigia, Panfilia, Libia, Egipto, Creta y Roma. Inmediatamente ella empezó a imaginarse todo el contexto tan cosmopolita que se vivía en aquella época en Jerusalén.
El arzobispo expresó que la celebración tenía como objeto conmemorar los 500 años de la fundación de Acámbaro, pero también mencionó que la mejor manera de celebrarlo era justamente con la presencia del Señor entre ellos, pues les recordó que Jesús era itinerante, iba de pueblo en pueblo hablando de la palabra de Dios, de la misma manera que hoy, su imagen los estaba visitando, para celebrar tan importante acontecimiento para los acambarenses, sus 500 años de historia franciscana.
MARÍA MARTHA MORENO MARTINEZ
18 de septiembre de 2026.
No hay comentarios:
Publicar un comentario