sábado, 1 de agosto de 2026

HISTORIA DEL TEMPLO DE JERUSALÉN.

 

 HISTORIA DEL TEMPLO DE JERUSALÉN.

 

¡Qué alegría cuando nos dijeron, vamos a la casa del Señor,

Ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén!

 

Éramos tres compañeras de viaje que, imbuidas por el espiritu cristiano explorábamos la tierra de Jesús y que abrazadas coreábamos el cántico anterior, al entrar, literalmente a las murallas de Jerusalén.

 

Era viernes, y los judios se preparaban para celebrar el Shabat, la ciudad comenzaba a quedarse desierta, en nuestro hotel ya no pudimos usar el elevador debido a que en él se reunía una buena cantidad de ellos para celebrar esta fiesta en la que se conmemora el día en que Dios descansó después de haber llevado a cabo la creación  del universo.

 

Al día siguiente, sábado, nos encaminamos por las callejuelas de la ciudad y luego de atravesar una frontera entre la Jerusalén musulmana y la Jerusalén Judía, pudimos ingresar. Y de pronto, estábamos frente a aquel inmenso muro de enormes bloques de cantera blanca que está considerado, con mucho el más emblemático de los sitios religiosos de los judíos, me refiero al Muro del Templo, conocido también como el Muro de los Lamentos. El sitio estaba muy concurrido por gran cantidad de judíos, ataviados con su vestuario típico, sus elegantes trajes negros, su kipá en la cabeza o un sombrero de copa, también muchos usaban el Talit, una especie de manto rectangular de color blanco y franjas azules, muchos de ellos usaban peyot, una especie de caireles que discurren a ambos lados de la cabeza. 

 

Todo lo anterior ha venido a mi mente porque en estos días, en la primera lectura de la misa se ha estado leyendo al profeta Jeremías, quien fue enviado por Dios para prevenir al pueblo de Israel de que si no cambiaban de conducta, iba a venir para ellos la desgracia de que su templo sería destruído.

 

La historia del Templo de Jerusalén proviene desde aquella enorme travesía del pueblo judío por el desierto del Sinaí, una vez que fueron liberados por Moisés de las garras del faraón egipcio, ya que el Arca de la Alianza, guiaba los pasos de su pueblo por medio de una nube que se posaba sobre ella y que representaba la presencia de Dios entre su pueblo. Esta Arca de la Alianza era trasladada en  unas  andas de madera.

 

Un día, ya durante el reinado del rey David, reflexionó:

 

- Pero, ¿cómo, yo vivo en un palacio, mientras que Dios no tiene un sitio propio? ¡Mandaré construir para él un templo!

 

Pero Dios le hizo saber al Rey David mediante el profeta Natan, que él había participado en muchas guerras, y que su templo debía ser construido por un hombre de paz, es decir, quien luego fuera el Rey Salomón, hijo del rey David, por eso, el primer templo de Jerusalén fue construído por el Rey Salomón allá por el año 957 a.C. y fue destruído por los babilonios en el 586 a.C. quienes esclavizaron a los judíos y, posteriormente, el rey de Persia, Ciro el Grande, después de vencer a los babilonios, liberó al pueblo judío y los autorizó para que reconstruyeran el templo en Jerusalén.

 

El segundo templo de Jerusalén fue construído por Zorobabel, un lider judío y gobernador de Judá que había estado preso junto con su pueblo en Babilonia, y que una vez liberado construyó el segundo templo. 

 

Posteriormente, el rey Herodes el Grande mandó reconstruir y ampliar el templo con la finalidad de ganarse la voluntad de los judíos, esto ocurrió en el año 20 a. C. Este templo era realmente majestuoso, según prueban las maquetas que de él se conocen o la misma descripción áurea que hiciera hoy en misa el padre Eduardo.

 

Después, el propio Jesús de Nazaret profetizaría la destrucción del templo diciendo que de él “no quedaría piedra sobre piedra”. Y efectivamente, en el año 70 d.C los romanos sitiaron la ciudad de Jerusalén, la incendiaron y con ello también el templo fue quemado, luego, por órdenes del mismo emperador, toda la estructura del templo fue destruída, quedando solo lo que permanece en pié aún hoy en día, me refiero al Muro del Templo o Muro de los lamentos, que aquellas tres compañeras de viaje observáramos de cerca con gran devoción en nuestra visita a la vieja ciudad de Jerusalén.

 

MARIA MARTHA MORENO MARTINEZ

1 de agosto de 2026

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