CRÓNICA DE UNA VISITA INESPERADA.
Hay cosas, por simples que parezcan para las que una no está preparada, lo digo porque ayer, a eso de las 10.30 de la mañana, mi amiga Cata me llamó para decirme:
- Oye Martha, hay una visita guiada a los talleres del ferrocarril ¡vamos!
Yo esperaba que me dijera que sería al día siguiente, pero….
- Y, ¿cuándo es?
- Hoy. Bueno, imaginé que al menos sería por la tarde.
- Y ¿a qué hora es?
- a las 11.
- No, Cata, ahora sí que es imposible, ando en fachas, no me he bañado y el ferrocarril queda lejos de mi casa.
- Anda, ¡vamos!, a mí me interesa, ándale. Tienes media hora.
- No juegues!!!, le dije.
- Anda di que sí, ahí nos vemos.
- Bueno, pues lo intentaré, pero no te prometo nada.
Pero la invitación me sonaba más que “tentadora”, así que de inmediato, me enfundé en una bermuda, atrapé el primer sombrero que se me atravesó y salí, corriendo para alcanzar a llegar, pues estaba segura que si no llegaba antes de que la visita iniciara, ya sería imposible acceder, así que llegué ¡derrapando!, y ahí estuve 5 minutos antes de las once.
Porque, sonando las 11 am en el reloj de la oficina del velador de los antiguos talleres del ferrocarril, se abrió la estrecha puerta de maya ciclónica que da acceso a los talleres del ferrocarril en Acámbaro. ¡maravilloso!, pensé.
Nos recibieron tres integrantes de la agrupación denominada con orgullo:
“AMIGOS DEL FERROCARRIL”
entre ellos se encontraba su actual presidente, Dn Lupe además de Dn. Luís, y Dn. Enrique los tres antiguos y emblemáticos ferrocarrileros quienes nos fueron guiando y explicando cada uno de los espacios que íbamos recorriendo.
Lo primero que me sorprendió fue el piso, me refiero a los pasillos de concreto que comunican un espacio con otro, para mi gusto están en perfectas condiciones, no obstante, el paso del tiempo. Si, es verdad, hay maleza de una altura no mayor de 70 cm, pero yo pensé que nos toparíamos con alguna serpiente, ratas o cuando menos lagartijos. Pues, sorprendentemente nada de eso se nos apareció en el camino.
Así que empezamos recorriendo las instalaciones externas, como el almacén, las bodegas, una especie de alta espiral a la manera de una escalera de caracol que terminaba en un ducto que conducía la arena.
- ¡Arena!, exclamamos los visitantes.
- Si, la arena es indispensable para que las máquinas puedan frenar.
- Pero, cómo. Nos puede explicar Dn Lupe por favor.
- Si, tanto las máquinas de vapor, como las actuales, de diésel, necesitan que se vierta sobre los rieles arena, cada vez que ascienden una pendiente, o cuando la vía está mojada, de lo contrario, patinarían al frenar. Vaya, pues qué novedad, pensé. Nunca me hubiera imaginado esta maniobra.
- Ser arenero era de las labores más pesadas del taller, nos compartió Dn. Enrique, ya que era realmente cansadísimo, estar paleando arena prácticamente todo el día. Acababa uno con la espalda destrozada.
Nos platicaron lo que era la “casa redonda”, es decir un espacio donde se encontraba, una plataforma circular y rotatoria en la que se montaba la locomotora que estaba a punto de entrar a mantenimiento, pues, al hacer girar la plataforma, la locomotora iba accediendo a los distintos talleres. Nos explicaron que a las locomotoras se les programaba un mantenimiento preventivo cada determinado tiempo.
A mí me llamó la atención la máquina que hacía la ceja, es decir, las ruedas de la locomotora tienen una ceja, es decir, una saliente con la que se ajustan a la vía. Los instructores nos explicaron que periódicamente había que reparar esa ceja, ya que al paso del tiempo se iba desgastando y si no se aumentaba, se corría el riesgo de que el tren se descarrilara, es decir, se saliera de la vía.
Una vez que hubimos recorrido los espacios exteriores, nos condujeron a una hermosa arquería, construida en piedra labrada que me pareció ¡preciosa! Y me maravilló el buen estado en el que se encuentra.
- Ahora sí, nos dijo Dn. Lupe, ingresaremos de lleno al taller. Que para mí fue la parte más valiosa del recorrido, no sólo por la hermosa y bien conservada fachada de arcos que le da ingreso, sino por la explicación que nos regalaron nuestros sabios instructores. El taller está integrado por tres tramos de vía, donde se colocaban las locomotoras, una vez que, provenientes de la casa redonda, la plataforma giratoria las colocaba en cada una de ellas, además, cada vía, está acompañada de una rampa y un pozo, también en la parte central de la rampa se encuentra una mesa desde donde se disponía de las distintas herramientas utilizadas por los mecánicos, quienes se colocaban en la rampa, para acceder a la parte superior de la locomotora o en el pozo, para tener a mano la parte baja de ella.
En los espacios laterales, se encuentran diversos y pequeños almacenes, que dotaban a los mecánicos de distintos dispositivos, ya fuesen herramientas o partes reemplazables necesarias para el mantenimiento.
Fue muy emotivo escuchar el relato de Dn. Enrique, que nos describió la forma en que él recibía cierta parte de la locomotora, luego la lavaba con aceite, después con agua caliente y por último con aire. Cuando ya estaba perfectamente limpia, la transportaba nuevamente en una carretilla para ponerla a disposición de los mecánicos y que ellos la ensamblasen en el lugar correspondiente.
- En la zona del taller, todo el día eran unos ¡humaderones!, y yo trabajaba aquí, así que, a eso se debe el mal estado en que se encuentran ahora mis pulmones.
También Dn. Enrique nos contó que, en algunas ocasiones, la iglesia había pedido la colaboración del taller, tal fue el caso cuando le solicitó tres candelabros que se encuentran actualmente en la bóveda del templo de la promesa, así como la fundición de la campana mayor de la torre de la parroquia.
También me gustaría compartir que experimenté una gran nostalgia al observar cómo diferentes letreros se conservan aun en los muros, sí, letreros que dan ciertas instrucciones de cómo hacer alguna actividad o cómo comportarse en algún espacio, etc. incluso estuvimos frente a una imagen religiosa, imagino a la que los mecánicos encomendaban su trabajo, e incluso pudimos ver el ramito de flores artificiales que la adornaban.
Debo decir que otra de las razones que me dejaron casi perpleja fue el buen estado en que se encuentra la estructura del taller. El techo, es en su mayor parte de láminas de asbesto, de las cuales aproximadamente un 80%, están, en buen estado, me refiero a que se mantienen integras, aunque sí sucias. No obstante, el techado presenta unas bandas de policarbonato, las cuales si se han perdido en su totalidad por efecto de los rayos solares. Así pues, podría decir que, el taller se mantiene en buenas condiciones, e incluso limpio.
Al salir del taller, nos mostraron otros talleres más pequeños, entre ellos, el de fundición, el de balconería, etc. en este punto, llamó mi atención el comentario de Dn. Luis, que expresó que antes de que se instalara en Acámbaro el taller, ninguno de sus trabajadores sabía nada de trenes, todos ellos eran artesanos, trabajaban por su cuenta, o tenían su pequeño taller, pero una vez que se instaló el taller del ferrocarril y contrataron sus servicios, demostraron lo que sabían hacer, y se adaptaron a las nuevas competencias que se les solicitaban. Tanto así demostraron su habilidad estos artesanos, que, un día, Dn. José Cardoso, Téllez llegó a decir: “bueno, y ¿por qué en Acámbaro no podemos hacer nuestras propias máquinas, si tenemos gente muy capacitada para ello?
- ¡Hagámoslo!, dijo don José Cardoso y fue así como nació primeramente el proyecto y luego las dos locomotoras que se construyeron en Acámbaro, me refiero a la emblemática “Fidelita” 296 construida en 1944 y la “Exploradora” 295 construida en 1942. Ambas máquinas dieron servicio regular en la vía, tal como demuestra el hecho de que la Fidelita fue localizada, después de una exhaustiva búsqueda, en tanto que, la Exploradora, continúa desaparecida.
Durante el recorrido se recordaron a diversos y grandes y ferrocarrileros, entre ellos, recuerdo muy bien a Dn. Antonio Larrondo, de quien Dn. Luis nos contó que alguna vez, siendo niño, había acompañado a una persona que le llevaba el almuerzo a Dn Antonio, después, él mismo se hizo ferrocarrilero.
Ya en el exterior del taller, nos mostraron por la parte exterior el comedor de los trabajadores, así como un kiosco donde los ferrocarrileros iban a degustar sus alimentos, y que era anunciado por un silbato que a las 10.30 les avisaba que era la hora del almuerzo, y tenían 30 minutos para llevar a cabo esta actividad.
Ese silbato, llegó a regir la cronología del pueblo, pues la sociedad acambarense se regía en gran parte por el suigéneris sonido que englobaba a toda la ciudad, así, que a la tres de la tarde, sonaba para anunciar el fin de la jornada laboral, y a las 7 am para indicar el inicio de las labores.
Uno de los comentarios que yo estuve expresando durante el trayecto de nuestra visita fue mi sorpresa acerca del buen estado en que se encuentran las estructuras en general, particularmente, me impresionaron los hermosos muros de piedra maciza que, seguramente se planearon para que duraran toda la vida, ya que están en perfectas condiciones.
Por todo ello, comenté que estas instalaciones me parecían de lo más rescatables, especialmente el taller.
Fue en este momento en que cuestioné a Dn. Lupe para que me dijera si esas instalaciones pertenecían a Kansas, la compañía que actualmente tiene concesionadas las vías del tren. Y para mi sorpresa, me dijo que no. Que Kansas no tenía nada que ver en el taller, y me dio el dato de la superficie que poseen dichas instalaciones, 14 Has. nada más, y nada menos. ¡guau!
Sin embargo, de acuerdo a las fuentes derivadas de la alcaldía, está pendiente una firma, que hasta la fecha no se ha podido lograr para que dichas instalaciones pasen a formar parte del patrimonio de la ciudad de Acámbaro. Confiemos en que esta firma se pueda lograr lo más pronto posible.
La visita terminó con una foto a nuestros instructores, así como una grupal y un efusivo agradecimiento a tan amables AMIGOS DEL FERROCARRIL, que nos compartieron sus experiencias laborales, así como sus recuerdos de toda esta gran herencia ferrocarrilera tan propia de nuestra ciudad.
Finalmente, nos dieron a conocer que el día 13 de junio de 2026, se llevará a cabo una comida baile para celebrar que en 1926 se fundaran en Acámbaro los talleres del ferrocarril sobre la línea troncal México- Laredo, que fueran para ese entonces, los únicos en América Latina, es decir, que este año, los talleres del ferrocarril en Acámbaro están cumpliendo su centenario.
Lo anterior, me emociona profundamente, sobre todo, porque, aunque siempre me he considerado fan del ferrocarril en Acámbaro, después de haber realizado esta visita, estoy más que motivada, agradecida, por toda la herencia que hemos recibido de este enorme gremio de acambarenses que, con su trabajo digno, fueron capaces no solo de llevar los alimentos a sus mesas, sino que también contribuyeron en grandísima medida a preservar el legado histórico de los ferrocarriles en nuestra tierra, pues fue y es bien conocido el reconocimiento que estos talleres tuvieron en toda América Latina por haber sido los pioneros en la construcción de locomotoras de vapor.
Para finalizar, me gustaría expresar mi deseo de darnos cita para que todos los que amamos al ferrocarril en Acámbaro nos reunamos ese día 13 de junio para conmemorar el centenario de sus talleres.
Los boletos están a la venta en el propio museo del ferrocarril, cuestan 500 pesos e incluye, comida, y música con el querido dueto UNO + UNO. Así que anímense, ¡allá nos vemos!
MARÍA MARTHA MORENO MARTÍNEZ
24 de mayo de 2026.
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