A MIS MAESTROS CON CARIÑO A 90 AÑOS DE LA ESFA.
Durante esta semana del 20 al 27 de abril, hemos estado celebrando en Acámbaro el 90 aniversario de la fundación de la ¡gloriosa ESFA!, es decir, mi escuela, de ello estaré compartiendo contigo algunas vivencias que he tenido durante estos festejos, pero lo más importante, es que me gustaría escribir un poco de las grandes enseñanzas de dejaron en mí algunos de sus inolvidables maestros.
Empezaré por decirte que tuve la fortuna de participar por primera vez en el desfile de generaciones del cual te puedo comentar que habiéndose iniciado en el jardín de la Soledad, llegamos hasta la ESFA.
En este desfile, la belleza de la institución estuvo representada por su reina y princesas, quienes iban a bordo de lujosos vehículos antiguos, hermosamente arreglados.
También fueron grandes representantes los integrantes de la banda de guerra, la estudiantina, la banda de música, las bastoneras y por último, un grupo de exhalumnos, de acuerdo a la generación a la que perteneciamos.
Durante todo el trayecto, fuimos coreando diferentes porras, bailando, haciendo olas y no tengo palabras para describir la emoción que experimenté al ir desfilando con aquel grupo de entusiastas exalumnos, quienes recordábamos con cariño y admiración a todos los grandes maestros que, se la “rifaron”, con nosotros para integrar este valiosísimo legado de valores con el que nos formaron y que han hecho de nosotros lo que ahora somos. Mil gracias a todos ellos.
El Dr. Polo Domínguez, Juan Carlos Vega y yo, fuimos los representantes más antiguos de los que desfilamos, me refiero a la generación: 68-71, que, por cierto, lleva el nombre de: Juan Araiza Godínez, así que encabezamos el desfile portando el banderín que presentaba los datos de nuestra generación.
Al ingresar a la escuela, los integrantes de la banda de guerra apostados a uno y otro lado hicieron una balla, y nos recibieron con una emotiva diana. Fue entonces cuando, no pude contener las lágrimas.
Posteriormente ingresamos al entorno de las canchas donde estaban instaladas unas mesas y sillas, fue ahí cuando se produjo el momento romántico de la sesión, ya que la estudiantina nos interpretó varias canciones, empezando, muy oportunamente, con el tema de: Reloj.
Luego entonces, puedo decir que el desfile de las generaciones estuvo de lo más emotivo, alegre y romántico.
El otro evento, al que asistí fue a la celebración eucarística presidida por el reverendo padre Fr. Javier Gordillo, también exalumno de nuestra institución que se llevó a cabo el lunes 27 de abril a las 8 de la mañana en el santuario de la virgen del Refugio de nuestra ciudad.
Durante esta celebración, el padre Gordillo hizo hincapié en el motivo de nuestra reunión: “el agradecimiento” que expresamos a Dios por todas las bendiciones que recibimos de nuestra querida ESFA, también motivó a los jóvenes para que tomen en cuenta este gran valor, que se ha ido perdiendo en nuestra sociedad.
Y, por último, se refirió al gran “legado de valores”, que dicha institución nos heredó y que son parte ineludible de nuestra realidad actual. Así pues:
MUCHAS GRACIAS A NUESTRA GRAN ESCUELA, LA ESFA.
Y ahora, compartiré contigo, algunos recuerdos que tengo de mis queridos maestros pertenecientes a la ESFA durante mi estancia en ella, me refiero al período de 1968 a 1971
Era la época en que todos nuestros maestros acudían a impartir sus clases vestidos, invariablemente, de traje. Lo cual para mí tuvo un gran significado, porque me enseñó el respeto que se debe a la institución cuando se está al frente de un grupo, eso lo aprendí en esta etapa de mi vida y traté de ponerlo en práctica durante mis 42 años como docente. No había día que no me presentara a mis clases tratando de mostrar “mi mejor imagen”, porque yo sabía que mis alumnos se lo merecían y yo me sentía con la responsabilidad de ponerlo en práctica.
Empezaré por el químico Juan Araiza Godínez, aquel querido maestro a quienes muchos, incluyéndome a mí, debemos nuestra “increíble” vocación, me refiero a la química.
Si me pidieran que definiera al químico Juan Araiza, yo, simplemente diría que él era el “alma de la escuela”, se le encontraba recorriendo todos los pasillos, subiendo y bajando escaleras durante todo el día, impartiendo sus clases, impecablemente vestido. Yo considero que su sola presencia nos imponía, pero, no en el sentido del temor, como podría pensarse, sino que nos infundía un profundo respeto y admiración.
Se acostumbraba que cada grupo tenía un asesor, y cuando llegué a tercero de secundaria, tuve la gran fortuna de que el químico Juan Araiza Godínez fuera el asesor del III C, que era mi grupo. De esta época tengo algunos recuerdos que me gustaría compartirte, él siempre se preocupó porque recibiéramos nuestra butaca en perfecto estado una vez que teníamos acceso a nuestro salón, y teníamos derecho de usarla de forma apropiada durante todo el año, pero, una vez concluido este ciclo, debíamos dejar las butacas tan impecablemente limpias, como las habíamos recibido. Así que, había que lijarlas, pulirlas y barnizarlas, para que lucieran de lo mejor al recibir al nuevo grupo. Esta herencia fue tan poderosa para mí, que, a lo largo de mi experiencia como docente, fomenté entre mis alumnos el cuidado del mobiliario que utilizaban, y me molestaba profundamente cuando me daba cuanta de si alguien lo dañaba intencionadamente. Recuerdo algunas expresiones de mis alumnos como aquella de:
- ¿Qué Ud. no fue joven alguna vez?
- ¡Claro que sí!
- Y que no tuvo la inquietud de dejar su huella en alguna butaca o en la pared.
- ¡Por supuesto que no! A mí me enseñaron a cuidar todas las cosas que utilizo.
- ¡Vamos maestra, no es para tanto!
- ¡Claro que sí, anda, vamos, repara lo que dañaste!
Otro de los recuerdos que vienen a mi memoria de este gran maestro, que fue el químico Juan Araiza Godínez, es, el siguiente: en cierta ocasión decidió premiar a los tres primeros lugares de cada grupo de tercer grado, para ello organizó, una excursión a la refinería de Salamanca, y los que irían a esa excursión serían los tres primeros lugares de todos los grupos de tercer año, y desde luego, yo tuve la fortuna de ir con mis compañeros Polo Domínguez y Javier Sáenz representando al grupo de III C y uno de los requisitos para poder ir a este viaje, era que las chicas debíamos vestir pantalón. Y yo, no tenía ninguno, así que, mi madre se encaminó rápidamente a la tienda de Joaquín para “ajuararme” con el primer pantalón que usé en mi vida, era un pantalón verde a cuadros que mi madre le compró en abonos a Joaquín.
Debo hacer referencia a que la experiencia de ese viaje fue tan ¡maravillosa! e ¡impactante! Para mí que, a partir de ahí, sólo pensé en que yo sería profesionista. Eran los 70´s, y en ese entonces, tan sólo el 17% de la población estudiantil universitaria eran mujeres, y ahí estaría yo, me dije para mis adentros.
Así que, echando una mirada atrás, puedo decir con toda humildad, reconocimiento y gratitud, que para mí el químico Juan Araiza Godínez fue mi gran inspiración, mi modelo a seguir. Considero que gracias al ejemplo que siempre él me dio, pude ser química, e impartir la misma materia que él durante casi 42 años de mi vida en el CBTis 147.
Otros recuerdos que tengo de este gran maestro que fue el hecho de que nos obligó a aprendernos la tabla periódica de memoria, hazaña que parecía a todas luces, ¡imposible!, pero él, nos pedía que se la dijéramos, si nos equivocábamos, nos pedía hacerla 50 veces: grupos, nombres y símbolos, y nos volvía a preguntar, si nos equivocábamos de nuevo, nos doblaba la tarea, así llenábamos pliegos y más pliegos de papel de estraza, hasta que terminamos aprendiéndola de verdad. Y por supuesto que esta herencia suya también terminó impactando significativamente mi trabajo, ya que impartí la misma clase que él.
A pesar de que el químico nos llamaba la atención, lo hacía de una forma tan sutil, pero al mismo tiempo tan trascendente:
- Sí “angelitos”, No “angelitos”, a ver “angelito”…..
También puedo decir que el químico Juan Araiza Godínez ha sido la persona más entregada a la educación que he conocido en toda mi vida, porque su labor no terminaba en la ESFA, cumplía su turno ahí y continuaba como subdirector de la preparatoria donde además también impartía sus clases de química.
Gracias a él, la escuela preparatoria de Acámbaro, tiene las instalaciones que puede lucir ahora y que fueron obra de su gestión como director de dicha institución.
Así pues, con respecto al químico Juan Araiza Godínez, está dicho todo, al menos, todo lo que recuerdo de su poderosa influencia en mi vida.
Pero ahora, recordando a otro de mis grandes maestros de la ESFA, hablaré de lo que significó para mí la gran herencia que recibí del maestro Luis Gallardo, quien me enseñó grandes valores, entre ellos: la constancia, la puntualidad, la organización, y la perfección en el trabajo, la ortografía, la redacción y la mecanografía etc. valores que nuevamente han marcado mi vida, para siempre y que fueron de infinita ayuda en mi trabajo.
Gracias al maestro Luis Gallardo, pude tener mi primer empleo como secretaria, pues en mis vacaciones de verano, siendo aun estudiante de secundaria, trabajaba en una afianzadora donde me ganaba algún dinerito que me servía para comprarme algunas calcetas o una blusita.
Vaya pues, también mi humilde homenaje para mi gran maestro Luis Gallardo.
Y cómo no recordar y agradecer también a Raúl Trejo, mi gran maestro, quien me iniciara en el camino imperdurable de la literatura. A él debo mi gran pasión por la lectura, en especial por la literatura, pues, a partir de aquel enorme “ladrillo”, que me indujo a leer, me refiero a: Los miserables de Victor Hugo, continúo sus pasos hasta hoy en día.
Y cómo no recordar al maestro Loeza, impartiendo sus clases de educación física, en especial, aquellas hermosas tablas gimnásticas que no he vuelto a ver en los desfiles.
Al maestro Mitzi, quien no fue mi maestro, pero sí fui testigo de su enorme potencial como preparador físico, de la gran energía, que desplegaba en favor de aquellos chicos que seguían su ejemplo, y que todos pudimos apreciar durante los desfiles, me refiero a la ¡increíble! organización de esos grupos de estudiantes que coreaban aquellas motivantes porras que imprimían en los estudiantes aquel gran “sentido de pertenencia” a la institución.
Así pues, bravo también por el maestro Mitzi.
Bueno, y tal vez, continuar con tantos recuerdos de mis maestros de la ESFA nos llevaría horas. Cómo no recordar al maestro Alejandro Lara, a la maestra Martha Camacho, al maestro Cuco, a la maestra Santoyo, etc., etc. pero, por ahora, baste decir que, en mi mente, y en mi corazón siempre estará el gran legado de todos los valores que forjaron mi vida para siempre y que son producto de la gran herencia de toda una multitud de grandes maestros de la ESFA, a quienes recuerdo hoy con cariño a los 90 años de su poderosa historia.
MARIA MARTHA MORENO MARTINEZ
27 de abril de 2026.
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