viernes, 12 de diciembre de 2025

LA VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO. Una paráfrasis sobre Juan el Bautista.

LA VOZ DEL QUE CLAMA EN EL DESIERTO.

Una paráfrasis sobre Juan el Bautista.

 

 

En la segunda semana del tiempo de Adviento, la iglesia católica ha estado recordando la memoria de San Juan Bautista, por tal motivo, a continuación, intentaré hacer una paráfrasis de algunos de los pasajes bíblicos que se refieren a su vida y su obra.

 

Juan el Bautista, primo de Jesús, nació en tiempos del rey Herodes el Grande un 24 de junio en la región montañosa de Judea, en un pueblo denominado Ein Karen, lugar donde se encuentra actualmente la iglesia de la visitación, en esta fecha la iglesia católica celebra su natividad, la cual ocurriría seis meses antes del nacimiento de Jesús.

 

En la Biblia se habla que el Ángel Gabriel, le anunció a Zacarías, padre de Juan, que su esposa, Isabel, quien era anciana y estéril tendría un hijo y que le llamaría Juan. Sin embargo, Zacarías dudó de esta revelación, razón por la cual perdió el habla. Pero esta predicción se cumplió, en Isabel, madre de Juan. 

 

Cuando María se enteró del embarazo de su prima Isabel, se encaminó presurosa a las montañas de Judea para visitarla y ayudarle. En cuanto María saludó a su prima, Isabel esta exclamó: “¡Bendita seas entre todas las mujeres!, ¿quién soy yo para que la Madre de mi Señor, venga a verme?, en cuanto escuché tu saludo, el niño saltó de gozo en mi vientre”.

 

El nombre de Juan despertó en su momento cierta controversia, ya que, en su familia no había ningún antecesor con ese nombre, pero María decía que su nombre sería Juan, fue entonces cuando, sus parientes incrédulos, le preguntaron a Zacarías cómo se llamaría su hijo, el pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”, en ese momento, Zacarías recobró el habla y bautizaron al niño con el nombre de: JUAN.

 

 

La misión de Juan el Bautista fue anunciar la venida de Jesús, darlo a conocer a todos los que se acercaban a él. Era tan importante su objetivo que tuvo necesidad de retirarse al desierto, para fortalecer su espíritu. Estando ahí se alimentaba de saltamontes y miel silvestre y se cubría con una piel de camello y un cinturón de cuero.

 

Juan predicaba en el desierto de Judea diciendo: “arrepiéntanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.

 

Juan era un hombre muy valiente y por ello, su palabra tenía mucho poder entre los habitantes de Israel, y era muy querido y admirado por la gente común, pero también levantó su voz para denunciar aquello que estaba mal a los ojos de Dios, así fue como en una ocasión, un grupo de fariseos y saduceos, gente poderosa que dominaba en sanedrín imponiendo leyes a todo el mundo, pero que ellos mismos no llegaban a cumplir, se acercaron a Juan pidiéndole que los bautizara. Pero Juan, que conocía sus intenciones, los llamó: “¡raza de víboras!”, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda? Hagan ver con sus obras su conversión. 

 

Otra de las cualidades de Juan del Bautista, es su gran humildad, la cual se puede descubrir cuando afirma “yo bautizo con agua, pero ya viene otro, más grande que yo a quien no soy digno de desatarle siquiera las correas de sus sandalias, él los bautizará con el Espíritu Santo”. 

 

Y tan sólo para valorar la misión evangélica de Juan citaré dos pasajes de la Biblia, el primero se refiere a que Juan es aquel de quien el profeta Isaías hablaba cuando dijo: “Esta es la voz del que clama en el desierto: preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”. 

 

La otra cita bíblica, que, desde mi punto de vista habla de la gran misión de Juan es aquella en la que el mismo Jesús dice: “yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista”.

 

Un día, estando Juan bautizando en el Jordán, miró a lo lejos que se acercaba Jesús, fue entonces cuando exclamó: “Éste es aquel del que he dicho que no soy digno siquiera de desatarle las correas de sus sandalias”. Juan lo bautizó y cuando lo hizo, los cielos se abrieron, descendió el Espíritu Santo en forma de paloma y una voz poderosa se escuchó diciendo: “¡Éste es mi hijo muy amado en quien tengo puestas mis complacencias!”.

 

Juan siguió bautizando y proclamando su fe, hasta que un día, se presentó ante Herodes para hacerle ver que no tenía permitido vivir con la esposa de su hermano. 

A partir de ahí, Herodías, mujer de su hermano le tomó tanto odio a Juan que logró que lo apresaran, y en cierto momento, durante una fiesta que se celebraba en palacio, la hija de Herodías bailó y su baile agradó tanto a Herodes que le dijo:

 

- Pídeme lo que quieras y te lo concederé.

 

La muchacha, recurrió a su madre, Herodías, para que le sugiriera qué debía pedirle al rey. Y fue entonces cuando Herodías le contestó:

 

- Pídele la cabeza de Juan el Bautista en una charola de plata.

 

Herodes, que, de cierta forma, apreciaba a Juan se negó en su momento a cumplir esta petición, pero, tras la insistencia de Herodías, Herodes se vio obligado y mandó ejecutar a Juan, que estaba en prisión. 

 

Y fue de esta trágica manera que había de terminar la vida y obra de aquel gran hombre que recibió del profeta Isaías el seudónimo de:

 

“La voz del que clama en el desierto”.

 

Y no sólo entonces, sino a nosotros también ahora, Juan con sus palabras nos sigue invitando a la conversión en este tiempo de adviento, para recibir con alegría la venida de Jesús en esta navidad.

 

Referencias:

·      Lucas 1:36

·      Lucas 1:41-42

·      Lucas 1:18-25

·      Mateo 3: 1-12

·      Mateo 3:3

·      Lucas 7:2

·      Mateo 3:11

·      Lucas 1:39-56

·      Mateo 3:16-17

MARIA MARTHA MORENO MARTINEZ

12 de diciembre de 2025

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