A SAN JUAN DE LETRÁN
Cuando me vi frente a su pórtico, no imaginé de qué se trataba, o más bien sí, pensé de inmediato en un teatro griego, debido a sus impresionantes columnas estilo corintio, a las estatuas en la parte superior, pero, además, a la carencia de torres, ya que, en mi concepción, al menos hasta esa fecha, las torres eran la característica principal de los templos antiguos. Pero, ¡qué equivocada!, pues estaba viendo frente a mis ojos la fachada nada más y nada menos que dé, “la madre de todas las iglesias” del mundo, es decir, la basílica de San Juan de Letrán en el mismísimo corazón de Roma.
Varias cosas me impresionaron de aquella emblemática basílica, primeramente, su pórtico tan “suigéneris”, pero también su interior. Esa iglesia era totalmente diferente a todo lo que yo había visto antes en cuestión de templos. Su bóveda plana, a diferencia de las bóvedas cóncavas que conocía, y decorada de un magnífico artesonado, la gran cantidad de frescos que adornan sus muros, los mármoles de su estructura, etc.
Sin embargo, ahora lamento haber desconocido su historia, porque así la hubiera apreciado en toda su dimensión, digo lo anterior, porque recuerdo, entre otras cosas, haber subido de rodillas una escalera, sin saber la razón.
Pero, toda aquella carencia con que la visité, ahora se ha compensado, por todo lo que aprendí a través de las lecturas bíblicas de este domingo, 9 de noviembre, ello debido a que, en esta fecha, la iglesia universal celebra el aniversario de la consagración de ésta, “la madre de todas las iglesias”, es decir, la basílica de San Juan de Letrán.
La primera lectura de este domingo se hace referencia a la profecía de Ezequiel en 4-7,1-2,8-9 12 que se refiere a la esencia misma de dicha basílica. En esta profecía, Ezequiel cuenta que fue llevado hasta la entrada del templo y que observó que a la derecha del mismo corría un torrente sagrado, y reconoce todas las bondades del agua que brotaba de él.
A propósito de lo anterior, cuando fui integrante del coro Franciscano, bajo la dirección del Padre Abel Perea, algunas veces llegamos a cantar:
…..vi el agua que corría del lado derecho del templo, aleluya
Y todo todos los que tocó esa agua se salvabaron y cantan, aleluya….
Ahora haré referencia a la información histórica propia de esta gloriosa iglesia.
Primeramente, la basílica de San Juan de Letrán, fue fundada en el año 324 d. de C. y construida en los terrenos que el emperador Constantino el Grande, ya después de su conversión, donó al papa Melquiades.
Construida en la antigua propiedad de la familia romana de los Leterani, y por eso la procedencia de su nombre: “Letrán”.
El emperador Constantino el Grande, hijo de Santa Elena, una vez que se hubo convertido al cristianismo, por iniciativa de su madre, donó el terreno y ordenó su construcción además de haber concedido la libertad de culto a los cristianos, que, hasta antes de él, habían sido perseguidos por el imperio romano, tal como da fe, el Coliseo, aun en pie, donde eran martirizados cruelmente.
San Juan de Letrán es considerada “la madre de todas las iglesias”, y fue consagrada en el mismo año de su fundación, es decir, en 324 por el papa Silvestre I y por ello es considerada la basílica más antigua del mundo.
Un dato de su historia que me impresionó mucho, es el hecho de que ahí se encuentran las cabezas de San Pedro y San Pablo en un relicario de plata.
San Juan de Letrán es la sede del obispo de Roma, es decir, del papa en turno.
Fue construida por el arquitecto: Francesco Borromini y Alessando Galilei, aunque ha sufrido varias remodelaciones a lo largo de los años.
En 1980 fue declarada “patrimonio de la humanidad” por la UNESCO.
En relación a ciertos datos significativos de su construcción, diré que, en su fachada, estilo barroco tardío se lee en latín “Omnium urbis et orbis ecclesiarium mater et caput”, es decir, “Madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad de Roma y de toda la tierra”.
En cuanto a otros datos importantes, es necesario destacar que en el atrio de San Juan de Letrán se encuentra el obelisco más grande, más alto y antiguo del mundo, que procede del templo de Karnak en Egipto, donde se elaboró, durante el reinado del faraón Tutmosis III, allá por el año de 1400 a de C. en la base de este obelisco, hay una inscripción que da fe de que fue en ese templo, San Juan de Letrán, donde fue bautizado el emperador Constantino una vez que se convirtiera el cristianismo.
Otro dato emblemático también relacionado con la basílica de San Juan de Letrán, es el hecho de que a la derecha del templo se encuentra “La escalera santa”, de la cual se cuenta que fue Santa Elena, quien, estando en Jerusalén, hizo que la desmontaran de su sitio original y la trasladaran a Roma, pues es la misma, que Jesús subió una vez que fue presentado ante Pilato, a ese hecho se debe que los fieles devotos la asciendan de rodillas. Esta escalera cuenta con 28 escalones de mármol blanco.
Esta escalera es la misma que yo subí, y de la cual desconocía su historia, pero ahora, en la oportunidad de abordar el tema de San Juan de Letrán, ha recuperado para mí un enorme significado.
Vaya pues, lo que he escrito ahora, como un sencillo homenaje a “la madre de todas las iglesias”, San Juan de Letrán.
MARÍA MARTHA MORENO MARTÍNEZ
13 de noviembre de 2025.
Referencias:
· Libro de Ezequiel 4-7,1-2,8-9 12 Antiguo Testamento.
· Enciclopedia Wikipedia.
· Google.
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