viernes, 19 de diciembre de 2025

UNA HISTORIA DE LA CALLE



UNA HISTORIA DE LA CALLE

 

 

Hoy, caminando por la calle, como suelo hacerlo por las mañanas, pasé por el jardín y miré mis zapatos. “No les caería mal una boleadita”, pensé, así que tomé asiento en la sillita de Don Julián y me dispuse a leer el periódico que me ofrecía mientras boleaba mis zapatos.

 

Como no encontré alguna historia que me interesara en el periódico, decidí mejor escuchar su voz, fue así como me enteré de esta “historia de la calle”, que ahora intentaré compartirte.

 

Don Julián, es un señor de 78 años, usa un bordón para caminar, aunque lo hace con mucha prisa.

 

Me contó que tuvo diez hermanos, de los cuales murieron 8, su hermana y él se hicieron cargo de sus padres, luego murió también la mamá, y finalmente murió su hermana, así que se quedó él a cuidar a su papá, quien también era bolero. Cuando su papá ya no pudo trabajar le heredó su lugarcito en el jardín a Don Julián, que trabajaba para darle lo necesario a su padre, quien murió a los 105 años.

 

Y cuenta, que, a la muerte de su padre, fue cuando empezaron las penas de Don Julián. Su salud se vino abajo, se enfermó de diabetes, le subió la presión arterial y para colmo, se infartó, pero “gracias a Dios” dice Don Julián, se pudo recuperar, aunque con ciertas secuelas ya que tiene cierta dificultad para caminar y su voz le cambió, ahora, me cuenta, habla muy ronco.

 

- Bueno Don Julián, y Ud. ¿no tiene hijos?

- Sí me casé y tuve cuatro hijos, la más pequeña ahora tiene diez años se llama Tania, los demás ya están grandes, ya tienen su familia.

- Ahhh, pues aún es pequeña Tania, Ud. debe quererla mucho.

- Pues, ¡claro que la quiero! Aunque no pueda verla.

- Pero ¡cómo! No me dijo que tenía su esposa.

- Pues la tenía porque me divorcié.

- Pero ¡cómo Dn. Julián!

- Tuve muchos problemas con mi esposa, porque ella siempre prefería a su mamá, antes que a mí. Yo aguantaba y aguanté, hasta que ya no pude más, fue entonces cuando le dije, bueno pues, ¡quédate con tu mamá!

- Pero, al menos Ud. ¿visita a su hijita?

- No, no puedo visitarla, de hecho, no la he visto desde que tenía cinco años.

- Ah, pero, aunque esté divorciado, Ud. podría visitarla.

- Desgraciadamente no puedo verla porque ahora vive en Linares N.L.  

- ¡Cómo!

- Sí, cuando me divorcié, mi esposa no se quiso hacer cargo de ella debido a que    tomaba mucho porque extrañaba a su mamá, y, a mí me dio miedo llevármela conmigo, temía no poderla atender, porque aún era muy pequeña, tenía tan sólo cinco años, así que su tía se la llevó a Linares y vive con ella. Ahora ya tiene diez años.

- Ahhhh Dn. Julián y Ud. ¿no ha ido a verla?

- No he podido, pero, en algunas ocasiones le hablo por teléfono y, por eso sé que está bien, me dice que tiene una “segunda mamá”. Ah, pues que bien hijita, pórtate bien con ella y yo pronto iré a visitarte.

- Ahhh y ¿cuándo piensa ir a visitarla Dn. Julián?

- Primero necesito ahorrar un dinerito para ir a Linares, ya investigué la ruta que voy a seguir:  voy a Querétaro, San Luis Potosí, luego a Matehuala y de ahí ya queda cerca Linares. 

 

 Ahora, yo vivo solo, pero no pierdo la esperanza de volver a ver a mi hijita, aunque sea el día que cumpla sus quince años, pues sueño con bailar con ella el vals, aunque sea con mi bordón.

 

MARIA MARTHA MORENO MARTINEZ

19 de diciembre de 2025

1 comentario:

  1. Que historia tan triste, como muchas en el país, ojalá pueda reunirse pronto con su hija.

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